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Etiqueta: violencia

Cecilia

Son las ocho de la mañana y más de ocho mujeres y tres hombres ya han comprado sus paquetes de periódicos para venderlos en distintos puntos del Centro Histórico, mientras tanto, Cecilia Jauregui Ramírez viene desde el popular barrio de Solanda, al sur de Quito. En el bulevar de la avenida 24 de Mayo pocos negocios como el punto de distribución de periódicos y un par de restaurantes costeños ya reciben a su clientela, otros empiezan a abrirse, y vendedores autónomos de ropa, utensilios de cocina, frutas, verduras, empanadas, jugos de coco, tamarindo y naranja ocupan las calles. Esas...

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Solo tenemos las calles

La ciudad aún duerme, silenciosa, sin tráfico, en penumbra. En medio de este silencio hay mujeres que están iniciando su jornada de trabajo. Algunas no cumplen horario de oficina, ni timbran tarjeta, incluso sin horario fijo, sin seguro, y ganan salarios por día trabajado. Se movilizan de norte a sur, de sur a norte o a los valles. Ellas han encontrado la manera de que las distancias no sean un obstáculo para poder hacer su trabajo. Amparo cobra pasajes en la unidad 17 de una compañía de buses. Carmen compra hierbas en San Roque y las vende en el mercado de Santa Clara. Cecilia vende...

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“Avísame cuando llegues”

Hemos salido de una reunión intensa y larga. Vamos a comer algo, yo necesito una biela, listo, vamos al hindú que hacen falafels y hay trago barato. Compartimos cerveza y seguimos hablando de lo mismo por lo que queríamos salir de esa asamblea, tan llena de gente querida, y tan maldecida por nosotras mismas cuando nos cuesta tanto llegar a decisiones. Pero lo logramos y por eso esta pequeña celebración. Que bien cuidarnos. Salimos y llueve fuerte, me apetece un chocolate, ¿me acompañan?, ¿cómo no te voy a acompañar hermana? Nos acompañamos a la cafetería… a ver si para el aguacero y...

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De qué sirve no callar

Con Sara nos encontramos 30 minutos antes de las 9 de la mañana, el tiempo exacto para que llegue puntual a su trabajo; por eso no le pregunté si ese era el motivo para tomar dos buses en una ruta tan corta para esta ciudad alargada. Ella caminaba ágil hasta la primera parada, donde luego cambiaríamos de bus. Apenas subimos me dijo “esta vez tuvimos suerte”, noté que su preocupación no era que le abran el bolso. Sabía a lo que se refería: en la unidad no había mucha gente y por eso no tendríamos que fijarnos mucho en la cercanía a nuestros cuerpos de quiénes estaban detrás o al lado....

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