HAMBRE


HAMBRE

Platos de memoria para quienes gobiernan


Fotografía de: Cristina Castillo.
Acción Hambre en los exteriores del Palacio de Carondelet, en la Plaza Grande en Quito.

El pasado viernes 26 de junio de 2020, en la Plaza Grande de Quito, Ecuador, Salomé Quitto e Isadora Parra llevaron a cabo el performance denominado Hambre, creado por Andrea Zambrano Rojas. Frente al Palacio de Carondelet, prepararon y sirvieron, a quienes gobiernan el país, platos elaborados con hollín, ceniza y tierra, recogidos de los adoquines, veredas y calles, de los alrededores de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y del parque El Arbolito, durante el paro nacional de octubre, liderado por el movimiento indígena. Otro ingrediente de los platos fueron hojas de eucalipto, planta usada durante la pandemia para descongestionar las vías respiratorias y apaciguar los síntomas que produce la Covid-19, y, que además, fueron usadas en el paro nacional para aliviar los efectos del gas lacrimógeno que lanzaron policías y militares contra el pueblo.

Fotografía de: Cristina Castillo.
Salomé Quitto, Isadora Parra y Andrea Zambrano Rojas llevan a cabo el performance en Quito.
Fotografía de: Cristina Castillo.
Las tres activistas prepararon y sirvieron platos a quienes gobiernan país, en la Plaza Grande, en Quito.

Salome Quitto, de Kitu, mamá de Nantu, creadora de medicina hecha con el shungo en Munay somos naturaleza, feminista en constante aprendizaje, amiga, hermana, hija, compañera, estudiante de Educación. Sus herramientas para luchar en la vida son el perfomance, sahumar y hacer altares.

Isadora Parra se auto identifica así: una artista visual y estudiante de artes visuales. Mi trabajo transita en la exploración de las corporalidades en sus diversidades vitales y deseantes. Me implica la investigación poética de las performatividades de las corporalidades enfermas y diversas funcionales, el feminismo, las disidencias sexuales y las potencialidades del placer en las dislocaciones normativas. Trabajo desde la pluralidad de medios pero me encuentro recurrentemente entre la escultura, la fotografía y la escritura.artista visual. Su trabajo transita en la exploración de las corporalidades en sus diversidades vitales y deseantes. Involucrada en la investigación poética de las performatividades de las corporalidades, el feminismo, las disidencias sexuales y las potencialidades del placer en las dislocaciones normativas.

Andrea Zambrano Rojas, artista y activista feminista, pintora de oficio, performancera, costurera… animal terrestre que anda en manada y transita en los barrancos hacia el encuentro con el mar. Ha trabajado individual y colectivamente en torno a la educación artística, las luchas de las mujeres y la conservación de los ecosistemas, a través de la investigación, construcción e imaginación de metodologías y haceres-sentires-pensares-compartires que van desde las prácticas artísticas, los feminismos autónomos y comunitarios y desde la educación popular. Es parte de las colectivas Mujeres de Frente y revista feminista Flor del Guanto.

 

¿Cómo se construyó Hambre?, ¿cómo se eligieron los ingredientes, el momento y lugar para realizar la acción?

Fotografía de: Cristina Castillo.
Hambre es el mensaje que envían con esta acción a los y las gobernantes.

Andrea: Tenemos hambre y eso es lo que decimos con la receta que preparamos y servimos para el Gobierno. El hambre que sentimos fue una de las razones para ir al paro en octubre de 2019, cuando protestamos en contra de la arremetida neoliberal en Ecuador. Esta arremetida estuvo y está encabezada por los grupos de poder económico en alianza con el gobierno ecuatoriano, y en una relación de servidumbre frente a los grupos transnacionales de poder en el mundo. El hambre que tenemos no es de ahora. El modelo de desarrollo colonial y los procesos de acumulación del capital corporativo y financiero de los grupos de poder económico en Ecuador se asientan en una relación histórica de despojo, invasión y servidumbre.

El gobierno de Moreno y los gobiernos de quienes le preceden, con sus políticas extractivistas, vienen desprendiéndonos y despojándonos desde hace décadas, de nuestros cuerpos, de la tierra, el agua, el mar, el cielo y quienes les/nos habitan; por lo tanto, de los alimentos también. En estos días, frente al aislamiento individualista y al desmembramiento de lo colectivo y organizativo, al que el Estado, en alianza con el mercado racista, capitalista y patriarcal, quiere empujarnos, con el discurso de la seguridad sanitaria por el coronavirus, para homogeneizarnos y manipularnos fácilmente; los cuerpos sociales de los que somos parte, en la heterogeneidad, nos organizamos, resistimos y existimos. Desde ese lugar decimos: HAMBRE. Nombro los cuerpos sociales en la heterogeneidad en tanto cuerpos abigarrados[1], diversos, múltiples. Nos reconocemos cuerpos sociales integrales, en su completitud y en su complejidad, articulados y articuladores, cuidadores y potencializadores de la vida. Tenemos hambre de comida y de vivir sin miedo, hambre de condiciones dignas para vivir y tejer y compartir haceres, tenemos hambre de libertad.

Somos los cuerpos sociales que en la opresión nos reconocemos y a quienes acudimos para resolver las situaciones en las que el poder nos aplasta. ¿Quiénes están sosteniendo la alimentación durante la pandemia a pesar del nulo reconocimiento por parte del Estado y el mercado capitalista, que incluso restringió el abastecimiento y circulación de alimentos, como sucedió en Quito, con el cierre de varios mercados populares, poniendo en peligro la vida de todes quienes trabajan y nos alimentamos de esos mercados? Las personas campesinas, las redes y las organizaciones indígenas y campesinas, en colaboración con redes y organizaciones populares en las ciudades, estudiantes y feministas disidentes y populares, nuevamente como en el paro: ¡el pueblo organizado! La experiencia que tenemos en el cuerpo de saber qué es sentir hambre nos lleva a buscar junto con otras la comida, la medicina, el abrigo. No estamos solas y lo sabemos.


Fotografías de: Cristina Castillo. Transeúntes observan la acción llevada a cabo el pasado 26 de junio.

¿Quiénes estamos protestando en las calles, en las casas o en los espacios virtuales? ¿Quiénes estamos sosteniéndonos de todas las maneras que podemos para no soltarnos y “no morir por coronavirus, hambre o soledad”, como dijo Analía Silva[2], compañera el colectivo Mujeres de Frente? Los cuerpos comunes, los cuerpos sociales, el pueblo organizado, las colectivas, las comunidades, las resistencias. A pesar de que el Estado, con su discurso de seguridad sanitaria, impone a la ciudadanía la vigilancia y el miedo hacia les otres, lo ascéptico en las formas de ser y de estar, los cuerpos nos agarramos con uñas y dientes por la vida juntos. Sabemos en el cuerpo que así es como se conserva la vida humana y de las especies, en vínculo y relación entre sí, y en vínculo y relación con los ecosistemas locales y, luego, con ecosistemas más grandes que conforman esta unidad planetaria y el cosmos[3]. Las luchas populares de las mujeres y comunidades que estamos en las ciudades se juntan con las luchas de las mujeres y comunidades en el campo, quienes producen la mayor cantidad de alimentos y entre quienes resonamos juntas, reconocemos nuestra fuerza y nuestro poder, decimos HAMBRE, no para que el Estado nos dé de comer, sino para que no nos quite la comida de la boca, ni a nuestras comunidades, ni a nuestras familias, ni a nosotras.

Exigimos al Estado condiciones de trabajo dignas y no explotadoras para las y los campesinos y agricultores, pues muchos de ellos, a pesar de trabajar la tierra y sostener la alimentación de las ciudades, no tienen acceso a servicios como agua y luz, mucho menos a salud y educación. La agroindustria que exporta al extranjero, que monopoliza la tierra y el uso del agua para sus monocultivos, que explota a sus trabajadores o paga por los productos a campesinos y agricultores sin garantizar condiciones adecuadas de trabajo, pertenece a la élite económica ecuatoriana y, por supuesto, los efectos de esta pandemia no les serán letales a ellos como sí lo son para las personas campesinas y agricultores, quienes producen, y para los sectores populares de las ciudades. Tomando en cuenta que estos también están compuestos por personas que fueron expulsadas del campo por falta de condiciones dignas para vivir.

Propuse que la acción se realizara en el Palacio de Carondelet por ser la actual sede del Gobierno y residencia oficial del Presidente de la República del Ecuador, pero también porque fue la sede de la Corona española en la Audiencia de Quito. Cada quien saque sus conclusiones.

Fotografía de: Cristina Castillo.
Las activistas preparan los platos con hollín, ceniza, tierra y eucalipto.

¿Cuál fue el objetivo de realizar esta acción y cuál fue la demanda hacia quienes gobiernan el país?

Salomé: Para mí, el objetivo de la acción es hacerla, que no es poco dentro de un contexto como el que estamos pasando: estado de excepción, criminalización de la protesta social, censuras y más. Ocupar el espacio y estar en la calle siempre es, ya de por sí, una acción.

La demanda con Hambre es la memoria, no dejar de decir: aquí estamos y así estamos, es ser mujeres, es poner el cuerpo político, el cuerpo territorio y estar así como siempre luchando de frente, valientes, llenas de sentimiento, haciendo. Los ingredientes son lo que tenemos. El Gobierno es el responsable por tener una de las tasas más altas de muerte en este contexto de pandemia, por robar descaradamente todo el dinero que debía ser destinado al cuidado de quienes se contagian, por la poca inversión en salud pública y por robar en tiempo de crisis sanitaria, y es responsable por dejar al país con hambre.

Andrea: Para hacer esta pieza hubo la pulsión de hacer y de decir desde las prácticas artísticas. En octubre, durante el paro, sucedió tanto y atravesando tanto los cuerpos de quienes estuvimos luchando y viendo y sintiendo en primera línea al movimiento indígena, a les estudiantes, a las feministas disidentes, al pueblo organizado, que yo sentí una pulsión por recolectar alguna evidencia de ese momento histórico, de cómo lo estábamos viviendo, de cómo nos estaban reprimiendo por luchar por la vida y también de cómo estábamos resistiendo y organizándonos. El hollín, la tierra y la ceniza son evidencia de la represión, pero también de la resistencia. Busqué algo que hable de cómo accionamos por fuera de la palabra, desde un conocimiento del cuerpo, desde ese sentido de lo común y de sobrevivir como manada, juntes, organizándonos. Sentí esto en la preparación de la comida, en la organización para comer y dormir en los espacios de paz, en el hecho de cuidarnos durante la protesta en las calles. Hay un conocimiento de hacer con las manos, con el cuerpo, con el gesto… y ahora en la pandemia, aunque siento que es más complicado ese lenguaje corporal por fuera de la palabra, nos lo estamos trabajando porque nos es vital para las luchas, el contacto de los cuerpos.

Ustedes mencionan que los ingredientes usados en su acción, fueron importantes tanto en el paro nacional como durante la pandemia por la Covid-19. ¿Cómo se relacionan estos dos momentos?

Andrea: Estos momentos se relacionan porque en ambos se ha evidenciado de manera más cruda, la necropolítica[4] del gobierno ecuatoriano, que ha empujado a la muerte a las personas ya empobrecidas, racializadas y/o discriminadas por la misma relación de poder que el Estado, en conjunto con el mercado capitalista y patriarcal, generan. La necropolítica, según Achille Mbembe (2006) tiene que ver con que “la expresión última de la soberanía reside ampliamente en el poder y la capacidad de decidir quién puede vivir y quién puede morir. Hacer morir o dejar vivir constituye, por tanto, los límites de la soberanía, sus principales atributos. La soberanía consiste en ejercer un control sobre la mortalidad y definir la vida como el despliegue y la manifestación del poder.” En Ecuador, luego del levantamiento de octubre de 2019 llegó el coronavirus y, con este, la crisis sanitaria, que está siendo afrontada por el Gobierno con el despido de una gran cantidad de personas trabajadoras del sector público, disminuyendo el salario incluso al personal de salud pública, que es quien está asumiendo, a costa de su propia vida, la atención y cuidado de las personas contagiadas. La crisis sanitaria está siendo afrontada por el Gobierno precarizando, despojando y empobreciendo más al pueblo para mantener los privilegios de la élite ecuatoriana, pagando deudas al Fondo Monetario Internacional, manteniendo sus políticas extractivistas, explotando petróleo y minerales, tal como lo hizo su predecesor de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa, y eso por no ir más atrás en la historia.

Los dos momentos se relacionan porque en ambos hay hambre de justicia, no de justicia punitiva sino de justicia social. También tenemos hambre de educación pública, porque en pretexto de la pandemia, Lenín Moreno ha disminuido la inversión del Estado en la educación pública. Estamos presenciando la privatización de los medios de telecomunicación del Estado, del correo. A traves del correo (Correos del Ecuador) se podían enviar y recibir cartas y paquetes para saborear a quienes están lejos, porque somos un país que tiene, por lo menos, a algún miembro de su familia en el extranjero, trabajando y, en muchos casos, enviando dinero al Ecuador, generando divisas al Estado. Tenemos hambre de libertad, porque se ha criminalizado la pobreza, la protesta, el trabajo autónomo en la calle. Tenemos hambre de vivir sin miedo, porque muchas mujeres niñas y personas trans están ahora mismo aisladas con sus agresores. Tenemos hambre de sentirnos humanes, porque el hambre que tenemos es de comida nutritiva, de agua limpia, de libertad, de autonomía ¡de vivir vidas dignas!

¿Cómo el activismo feminista se fusiona con el arte para acompañar a las mujeres en estos tiempos y canalizar sus demandas?

Salomé: Yo soy mujer y habito desde ahí la sociedad, mis actos todos se fusionan con lo que me atraviesa y me mueve. En este performance de denuncia estamos hermanadas como cocineras, como mujeres, como amigas, poniendo el cuerpo para la acción, todos nuestros actos son un conjunto en la calle, en el hacer artístico, en la amistad, en la protesta. Igual, no creo que podamos hablar por todas las mujeres, pero sí por las que tenemos hambre de algo en común.

Fotografía de: Cristina Castillo.
Acción Hambre en los exteriores del Palacio de Carondelet.

La acción se realizó como parte del fin del curso “Metáforas Comestibles”, impartido por Martina Miño.

 

[1] El conformar en cuerpo social en nuestras múltiples diferencias puede ser entendido a través de la categoría ch’ixi , que plantea Silvia Rivera Cusicanqui en relación con lo mestizo. La categoría ch’ixi sería la “traducción más adecuada de la mezcla abigarrada que somos las y los llamados mestizas y mestizos” (…) “La palabra ch’ixi tiene diversas connotaciones: es un color producto de la yuxtaposición, en pequeños puntos o manchas, de dos colores opuestos o contrastados: el blanco y el negro, el rojo y el verde, etc. Es ese gris jaspeado resultante de la mezcla imperceptible del blanco y el negro, que se confunden para la percepción sin nunca mezclarse del todo. La noción ch’ixi, como muchas otras (allqa, ayni) obedece a la idea aymara de algo que es y no es a la vez, es decir, a la lógica del tercero incluido. Un color gris ch’ixi es blanco y no es blanco a la vez, es blanco y también es negro, su contrario”. Rivera Cusicanqui, Silvia. (2010). Ch’ixinakax utxiwa : una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores, Buenos Aires : Retazos-Tinta Limón.

[2] Comentario que nos compartió a varias compañeras Analía Silva vía telefónica y que luego se convirtió en una de las Crónicas de aislamiento. Disponible en https://mujeresdefrente.org/cronicas-del-aislamiento-social/

[3] Cosmos en el sentido de naturaleza y/o universo como lo plantean varias feministas comunitarias como Lorena Cabnal.

[4] Mbembe, Achille. (2011). Necropolítica. España: Editorial Melusina. (2006)