Dizdira y Adarbakar, un cuento para acompañar a la niñez trans


Dizdira y Adarbakar, un cuento para acompañar a la niñez trans

Lola García Vacas autora junto a Nerea, niña que inspiró el argumento narrativo del cuento infantil «Dizdira y Adarbakar: una historia para muchas noches», publicación propia (2021). Foto: Martín Jaramillo Serrano.

 

El sábado 24 de julio se celebrará la tercera edición del Día de Integración LGBTIQ+ en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) junto al MUME Museo de la Memoria LGBTI. Será el marco de presentación del libro sobre niñez trans «Dizdira y Adarbakar: una historia para muchas noches» de Lola García Vacas. La jornada es un espacio de intercambio de experiencias y saberes entre distintas organizaciones de personas LGBTIQ+ y, la invitación para compartir con la diversidad sexo-genérica. Será un evento abierto que busca promover el respeto hacia la diversidad.

Lola García Vacas autora junto a Nerea, niña que inspiró el argumento narrativo del cuento infantil «Dizdira y Adarbakar: una historia para muchas noches», publicación propia (2021). Foto: Martín Jaramillo Serrano.

 

El oficio de hacer memoria

“Invento cuentos para poder conversar de las cosas lindas y de las difíciles” empieza a decir de sí misma, Lola García Vacas de 66 años, autora del primer cuento infantil creado para niñez trans en Ecuador. 

— ¿Cuál es el recuerdo más importante de tu niñez?

—Tengo poquísimos recuerdos de cuando era niña. Mi recuerdo más claro y completo es de cuando tenía 10 años. Fui a la escuela con saco negro y falda blanca. Me preguntó mi amiga ¿Por qué estás de duelo?, se murió mi abuelo, contesté.

Diez años sin recuerdos la hacen pensar que no quería recordar y que esa era una forma de sobrevivir. Un duelo marca el inicio de su memoria. Quizá esta haya sido una motivación para que Lola García construya una obra completa y amplia como radialista. 

Ha escrito guiones y obras de adaptación para la radio que cuentan la historia de personajes y momentos de resistencia en la vida nacional.  Algunos títulos de su obra son: Manatak (nunca más), sobre la lucha del pueblo Cayambi y Dolores Cacuango. Diálogos con mis fantasmas, conversaciones de Manuela Sáenz con diez mujeres de antes y después de su vida. El Sacristán, sobre la esperanza de mujeres y hombres ante las propuestas de educación, trabajo, libertad, en la Revolución Liberal; Luz de Agosto, una radionovela que rinde homenaje a la participación de las mujeres independentistas en la Revolución Quiteña del 2 de agosto de 1810; Cruces en noviembre, radioteatro sobre la masacre del 15 de noviembre de 1922; Taita Leonidas, un homenaje a Monseñor Leonidas Proaño;  Rosa de la independencia, un diálogo entre la asesinada y decapitada Rosa Zárate y su ejecutor, Toribio Montes. 

“Mi oficio es interpretar y contar lo que observo, lo que leo, lo que la vida me enseña, lo que me conmueve. Escuchar y contar, escribir y contar, comunicarnos y ponernos en contacto con la gente” me cuenta Lola. “También tengo el oficio amoroso de ser  mamá de dos hijas y abuela de un nieto, con el que desatamos fantasías”. 

Lola García tiene un compendio de textos para tratar temas tan complejos pero contemporáneos como la trata de personas, desapariciones forzadas, el cáncer de seno, la violencia de género, que aún se encuentran inéditos. 

Por eso no sorprende que su caminar, resulte en el presente con el desarrollo de una obra sensible y comprometida con la lucha de la comunidad del arcoiris, símbolo que brilla en la portada del libro. 

Retrato de Lola García Vacas, autora del cuento Dizdira y Adarbakar. Foto: Martín Jaramillo Serrano

 

«Soy una chica»

Un día, Nerea, mi sobrina nieta de nueve años, les dijo a su papá y a su mamá: “Soy una chica”. Lola se enteró, como el resto de los parientes, a través de una carta de la madre y padre de ella. “Cuando supe que mi sobrina nieta abrió su corazón y expresó miedo, sentí de inmediato el impulso de abrazarla. Yo escribí este cuento para estar con ella y acompañarla, para decirle: estoy aquí y te quiero mucho” dice con dulzura, la mamá, la abuela, la creadora. 

“Hablé mucho con sus padres (madre y padre), quería entender lo que ella estaba viviendo para sentir el proceso y las dificultades de la transición” y sin embargo, aclara la autora, este cuento no pretende explicar procesos médicos o psicológicos. “Es un cuento que se llena de fantasía y símbolos para acompañar la cotidianidad de una niña trans”. Las ilustraciones de esta publicación son en parte de autoría de Nerea, y otras de Carlos Villalba Vaca. Gracias a las ilustraciones, se establece una mayor cercanía con otros niñas y niños lectores del cuento.

Como un obsequio de cumpleaños, Lola construyó y ofreció un mundo simbólico para el renacimiento de la niña. Desde que se dio la noticia, ella caminaba en su proceso individual y familiar de transición para convertirse en Nerea. Durante un tiempo, Lola investigó mitos de la creación especialmente vinculados a la cultura paterna de Nerea, la del pueblo Vasco donde se habla euskera. La realidad de Nerea es también la de una familia transnacional, mitad ecuatoriana y mitad vasca. 

El propósito de la tía Loli es que su sobrina nieta tenga la certeza de que cuenta con su familia que la quiere tal y como ella es. 

Portada del libro. «Dizdira y Adarbakar: una historia para muchas noches» de Lola García Vacas.

 

Dizdira y Adarbakar

“Nerea conoce ya este cuento y se siente orgullosa de ser quien lo inspira” comparte Lola. El protagonista del cuento es el niño Dizdira. Su nombre significa brillo de estrella en euskera. Así como Sherezade debe contar en Las mil y una noches, esta es una historia para acompañar muchas noches, en claro guiño a la fuerza de la narración oral que Lola ha trabajado en su obra como radiodifusora. 

De la boca de una sorgina o mujer sabia, Dizdira escuchará que su destino es recorrer las estrellas y mundos, recuperar la sabiduría en ellos y volver a Amalur, territorio fantástico donde habitan los personajes. Pero como en todo viaje épico, Dizdira contará con un compañero de aventuras, el unicornio Adarbakar. Un viaje que en palabras de la autora es propiamente el símbolo del cambio: “Salió Dizdira de viaje y regresó a su hogar como la niña Nerea”.

Ilustraciones: Nerea y Carlos Villalba Vaca.

19 apartados componen como capítulos este viaje de iniciación de Dizdira que se nombran de forma ritual en el siguiente orden: el nacimiento, el destino, abrir los caminos, el agua que quita el cansancio, el decreto de Dizdira, el bosque de las mariposas, los miedos, el ritual de la cometa, el primer viaje, Atitlán, el Atitlán profundo, las quitapenas, segundo viaje -Kachiuyunik-, las tres lunas de Kachiuyunik, las tres lunas, ¿de dónde venimos?, Janaima, el cambio de nombre, el ritual del mar. 

Loli, oriunda de Esmeraldas, traza un ruta fantástica de lugares que geográficamente son impactantes pero que caben en el mapa de afectos y recuerdos de la autora. El lago Atitlán en Guatemala, el salar de Uyuni en Bolivia, el planeta Esmeralda, en el norte de Esmeraldas, en Ecuador. 

Las mujeres con las que se encontrará Dizdira, le mostrarán que todo sigue naciendo, que todo puede transformarse: “no soy este único cuerpo o, este cuerpo que los otros ven, no me representa” explica la autora. Mujeres que son magas, creadoras, generosas, alegres, sabias. Mujeres que quitan las penas y caminan un tiempo cíclico, siempre ascendente. Mujeres que esperan los cambios porque la vida, la naturaleza,  los seres humanos están en un constante ir y venir que los hace crecer.  

Retomando la metáfora lunar de la fuerza femenina, el cuento revela a Nerea como una wawita lunar descendiente en una línea de tres lunas. ¿Las representa a ustedes como abuelas, madres e hijas?, pregunto a Lola. Ella es bienvenida al mundo de nosotras: “Sin la necesidad del vínculo de la sangre, yo te abrazo y te contengo”, expresa la escritora sobreponiendo los brazos alrededor de su propio cuerpo. 

La familia de Nerea realizó esta publicación independiente con sus propios recursos. Y en el conjunto de decisiones que hicieron posible el aparecimiento está la impronta de la unión filial: la producción editorial estuvo a cargo del fotógrafo Martín Jaramillo Serrano, el diseño y edición, de  Jokin Zurutuza Sunsundegi. En el futuro, Lola García Vacas, hará la adaptación de la obra a formato radial. El libro se puede adquirir en las principales librerías de la ciudad de Quito o contactando a la autora. 

Nerea cumplirá en septiembre doce años. Este cuento no ha terminado, Nerea lo seguirá escribiendo. 

Gabriela Ruiz Agila