¿Qué es para nosotras el feminismo?


¿Qué es para nosotras el feminismo?

En La Periódica disentimos, conversamos, argumentamos. No siempre estamos de acuerdo en todo. Durante estos años de trabajo hemos creado distintas metodologías para que nuestro periodismo responda a las historias vitales de cada una de las personas, apostando a que este medio sea una tribuna de diversas voces y en esa apuesta generamos un flujo de trabajo que se ha ido nutriendo de muchos aprendizajes, como cualquier otro medio. Solemos poner no solo las letras sino el cuerpo en cada texto, es por ello que acompañamos a esta columna con un cadáver exquisito que agrupa las diez voces mestizas, cholas, lesbianas, empobrecidas, clasemedieras, travestis, migrantes, bisexuales que componemos la campaña #Veinticinco y La Periódica. Aquí recogemos nuestros sentires, experiencias y disensos sobre el feminismo como experiencia vital, periodística y comunicacional.

 

El feminismo para mí no es uno solo. El feminismo que prefiero se hace día a día, es un ejercicio que intento poner en práctica en las cosas que hago. Un modo de hacer más que un modo de decir —ahora mismo quiero reposar más las palabras y también porque ciertos discursos me resultan devaluados—. Esta práctica es la que le dio un sentido a ciertas vivencias que no comprendía, es la que me permite navegar  —y no enredarme en— las coordenadas de las hostilidades de un mundo violento, pero también es una de las prácticas que me hace insistir en la búsqueda y el goce de la libertad y el placer. A veces me digo feminista, a veces no, porque no lo quiero como identidad sino como expansión, entonces intento revisar —leer, conversar y escuchar— esta práctica que me pone junto a otras, me cuestiona, y, a veces, me separa.

Es reaprender en colectivo, el saber que estamos juntas para sostenernos y cambiar este mundo. Es una opción de vida que cada una va tejiendo pero que al final cuando se unen todos esos hilos tienen más fuerza. Creo que también transforma, te permite ser crítica contigo misma y saber que solo pones una semillita y que tal vez no la coseches pero que mientras puedas debes cuidarla.

El feminismo para mí es mamá, su recuerdo, su lucha, su catecismo, su voz recordándome que las mujeres empobrecidas no teníamos que dejarnos de este mundo tirano. Ella me heredó su fuerza y capacidad de luchar. El feminismo, más allá de libros y academias, es la esencia vital.

Feminismo es incomodar, acompañar y encontrar espacio para construir un mundo en común.

Es la posibilidad de crear, entre nosotras, realidades justas, dignas y desde otros sentires. Es acompañar a mis amigas, es construir con mis compañeras, es conspirar contra los opresores y quebrar las estructuras que nos atan. El feminismo es estar en constante incomodidad y cuestionamiento sin dejar de construir de manera colectiva.

El feminismo para mí es permitirme la posibilidad de mirar distinto a cada paso, de cuestionarme y cuestionar; de crear mi propio camino.

Es el camino donde he podido combinar pensamiento, discurso y acción con las emociones, los sentires y los afectos; conjugarlos, aprender y entender las violencias que atraviesan mi vida y la de otras mujeres. Es, para mí, lo cotidiano de compartir y saber que no estoy sola, que mis amigas/compañeras están caminando también y que vamos quemándolo todo desde nuestros chaquiñanes y trincheras.

<La casa de la diferencia> fue la respuesta de Audre Lorde en 1982. Han pasado 40 años, mil y una noches, y los feminismos no son ni una casa, ni ofrecen seguridad; y eso me genera una profunda pasión alegre porque significa que hemos huido de los esencialismos, de las identidades que prescriben, del lenguaje del amo. Algunas tenemos la patita rota, la herida carcomida, la piel sudada y los ojos vidriosos porque si algo son los feminismos, es fuego para ver arder las opresiones.

Para mí el feminismo es el lente que me ayuda a mirar mejor dónde me encuentro, mi posición en este mundo y a entender el por qué para tomar decisiones más realistas y mirar al futuro con esperanza.

Es un camino en constante construcción, en el cual puedo descubrirme, reconocerme y aprender. Es una manera de curar heridas, de mirar de frente al miedo y sentir que no estoy sola; y que acompañada y hermanada puedo luchar por varias causas.

No es una postura moralista, es imperfecto y nada fácil. Quiero creer que a través del feminismo pueden existir muchos diálogos alrededor de diferentes realidades y posturas; y podamos vivir la igualdad genuina. Nos vemos en la hoguera, compañeras.

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