María Jacinta murió esperando verdad, justicia y reparación


María Jacinta murió esperando verdad, justicia y reparación
Foto: Paola Paredes, fotógrafa. Mayo, 2019.

 

María Jacinta, mujer transgénero y sobreviviente a la represión y persecución estatal, falleció la mañana del 27 de junio en Quito, luego de que su salud se agravara a causa de problemas pulmonares.


María Jacinta fue sobreviviente de la represión policial y la persecución estatal desde la década de los 80, en Ecuador. Fue una de las cinco denunciantes que presentaron, en mayo de 2019, una denuncia ante la Fiscalía contra el Estado ecuatoriano por graves violaciones de derechos humanos y que ahora se encuentra en conocimiento de la Comisión de la Verdad.

La denuncia fue impulsada por el colectivo Nueva Coccinelle – Frente de Transfemeninas y Gais del Ecuador y patrocinada por la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH), con la intención de abrir una investigación judicial sobre las detenciones ilegales y extrajudiciales, la aplicación de métodos de tortura, desapariciones forzadas y asesinatos a personas LGBTIQ+ que constan en los testimonios de quienes sobrevivieron a la situación de represión y odio, en el periodo comprendido entre 1984 y 2008.

Pamela Chiriboga, asesora legal de INREDH, comenta que la finalidad de esta acción es que “se pueda hacer verdad, justicia, reparación y memoria”.

En la denuncia se recogen vulneraciones a mujeres trans y hombres gay que, entre 1984 y 2008, vivieron una “persecución sistemática y estructural por parte del Estado. Dentro de esto hubo desapariciones, detenciones arbitrarias e incluso casos de violencia sexual”, según afirma Chiriboga.

María Jacinta fue parte de las Coccinelle desde sus inicios en 1997, su colectivo, fue una de las organizaciones que lucharon por la despenalización de la homosexualidad cuando las relaciones homosexuales consentidas entre dos hombres mayores de edad eran consideradas un delito, con penas privativas de libertad de entre cuatro y ocho años, hasta que en noviembre de 1997, finalmente, la homosexualidad fue despenalizada en Ecuador. El último tiempo fue parte de las Nueva Coccinelle; además, fue Vicepresidenta de dicha organización. Junto a Purita Pelayo y Nebraska Montenegro, impulsó una campaña orientada a encontrar más sobrevivientes de la penalización de la homosexualidad en Ecuador que estén dispuestas a narrar lo vivido.

En el relato de María Jacinta, en la denuncia presentada a Fiscalía, se recoge la violencia suscitada durante el gobierno de León Febres Cordero hacia quienes eran criminalizadas por ser mujeres trans: “Eran los últimos meses de 1987, León Febres Cordero gobernaba el Ecuador y me encontraba como todo fin de semana en el Bar ‘Don Carlos’, situado frente al Coliseo Julio César Hidalgo en la ciudad de Quito. Junto a muchos gais y travestis conocidos, cerca de la media noche, noté movimientos irregulares que venían desde la parte exterior del lugar. De manera sorpresiva apareció un grupo de agentes policiales que, con voz prepotente e injuriosa, ordenaban a todos los presentes salir hacia la calle. De forma apresurada, muchos se deslizaron por una puerta trasera con dirección al vecindario; yo, por mi parte, me sorprendí al verme sostenida fuertemente del brazo por un policía nacional. Él me condujo hacia una camioneta, el balde era de color celeste y en su parte lateral tenía inscrito ‘Escuadrón Volante’. Inmediatamente, me encontré frente a otro agente, al parecer de grado superior, que igualmente daba muestra de intolerancia hacia todas las presentes. Le mostré mi cédula de identidad con la intención de que me dejara libre, la tomó de mala gana e inmediatamente la arrojó cerca de un sifón.

Tuve que balancearme y subir al balde del vehículo, que ya se encontraba abarrotado de detenidos. En el ambiente solo se escuchaba una voz que decía: ‘Suban maricones de mierda’. En el trayecto hacia un lugar ‘desconocido’, a todos nos colocaron boca abajo con la consigna de cerrar la boca y no decir ni mirar nada y, en ocasiones, recibiendo algún puntapié acompañado de malas palabras. Ya en el CDP de la calle Rocafuerte, todos los detenidos formamos una fila frente al portón antes de ser ingresados a los calabozos. Caminamos por un tétrico pasillo que conducía a una celda de 2×3 metros. El calabozo está lleno de detenidos que se encontraban acostados en el piso. No había dónde poner un pie ni tampoco dar un paso; no me quedó otra opción que ganar inmediatamente un espacio en el cuartito del baño, donde había una taza húmeda y mal oliente, para sentarme y amanecer encogida y con dolor en los huesos. A las 6:00 de la mañana escuchamos golpes en la puerta y una voz que decía: ‘Salgan a la lista… caga huevos’. Pasé ochos días detenida, sin que nadie me auxiliaría o me permitiera hacer alguna llamada telefónica. Al salir me sentí desvalida y sin fuerza, deseé no haber nacido nunca”.

 Jacinta se dedicó al comercio autónomo desde 1979, según lo relata para El Comercio. Ella mantuvo su puesto de venta de ropa usada, electrodomésticos, artículos de aseo y una gran variedad de productos en el popular sector del Playón de la Marín, en el Centro Histórico de Quito.

Con la llegada de la COVID-19, el aislamiento social y el fortalecimiento de las restricciones municipales al comercio autónomo, María Jacinta, al igual que centenares de vendedores y vendedoras, sufrió la pérdida de su principal fuente de ingresos económicos.

Cuando María Jacinta participaba en conversatorios y eventos públicos para reivindicar los derechos de las personas trans, era usual escuchar sagaces comentarios con la intención de visibilizar su identidad. Ella siempre decía: “yo soy una señorita trans”.

La Periódica