Entre el acoso y la violencia: Así hacen periodismo las mujeres y personas sexodiversas en Ecuador


Entre el acoso y la violencia: Así hacen periodismo las mujeres y personas sexodiversas en Ecuador

“Un presentador reconocido me agarró la pierna en un camerino, mientras nos maquillaban. ‘Con esas piernas usted no necesita más para triunfar’, me dijo”. “En una entrevista de trabajo me preguntaron si soy lesbiana”. “Mi exjefe me citó fuera del horario laboral y me llevó a un hotel donde quiso abusar de mí a cambio de ayuda laboral y económica”. Esos son tres de los 236 testimonios que Chicas Poderosas Ecuador, colectiva que forma parte de una comunidad global de periodistas, diseñadoras y emprendedoras presente en 17 países, recogió para conocer cómo se hace periodismo y cuáles son los desafíos que enfrentan las mujeres y personas LGBTIQ+ en los medios de comunicación del país.

Para recabar la data, la equipa desarrolló una encuesta anónima y online que se enfocó en cinco ejes: empleo, diversidad, crecimiento laboral, maternidad y espacios libres de violencia. Las respuestas fueron receptadas entre el 4 de agosto y el 7 de septiembre del 2020. La investigación convocó la participación de 236 personas (63% mujeres, 31% hombres y 6% personas LGBTIQ+) entre 21 y 67 años. El 87% de ellas viven en Quito, Guayaquil y Cuenca. Por otra parte, el 13% reside en ciudades como Riobamba, Machala, Loja, entre otras. Finalmente, se realizaron dos grupos focales -de cinco mujeres cada uno- y ocho entrevistas semiestructuradas.

Isabel González, embajadora de Chicas Poderosas Ecuador y coordinadora de la investigación, dice que el objetivo de la iniciativa fue construir un panorama sobre las condiciones en las que las mujeres y las personas con diversas orientaciones sexuales ejercen el oficio periodístico en el país. Tras un largo proceso de análisis, el resultado es Así Hacemos Periodismo, informe que refleja un contexto alarmante, pues da cuenta de que los medios de comunicación en los que trabajan las personas encuestadas (60% digitales, 31% tradicionales y 7% entre academias, oenegés y comerciales) mantienen una estructura marcada por la heteronorma y los estereotipos de género. Además, la precarización laboral se evidencia con sueldos bajos y jornadas de trabajo extendidas, mientras la presencia de personas LGBTIQ+ en espacios de comunicación sigue siendo menor.

Hacer periodismo en espacios precarios

El periodismo es un oficio que, según la tabla de salarios mínimos sectoriales fijado por el Ministerio de Trabajo, debía ser remunerado con USD 949,37 hasta el 2019. Sin embargo, la investigación arrojó que las personas que hacen periodismo laboran más de 40 horas semanales, incluidas aquellas que tienen contratos a medio tiempo.

En tiempos de pandemia, la precariedad se ha recrudecido, sobre todo, para las mujeres. En el país, según la encuesta, cuatro de cada 10 mujeres ganan USD 500 y trabajan más de 40 horas a la semana. El uso y distribución del tiempo guarda relación directa con la desigualdad de género que enfrentan las mujeres. Así, durante la pandemia por covid-19, su día a día se agrava porque el encierro implica el aumento de las tareas de cuidado que recaen sobre ellas, además de que se ha “priorizado mantener a hombres en los cargos y contratos freelance”, escribe Chicas Poderosas en su informe.

“Antes trabajé en un medio con un contrato pero la demanda era mucho mayor a las ocho horas. Hacía coberturas con mis equipos, yo me pagaba la comida y el transporte. Ahora trabajo en una organización social que tiene un medio comunitario y los salarios son bajos, menos del mínimo, pero a diferencia del otro medio, sí cubren mis gastos”, relató ‘A’, de 23 años, en la encuesta.


Discriminación, un muro para ejercer el periodismo

En los medios de comunicación ecuatorianos existe una brecha que aún está lejos de cerrarse: la diversidad. En la encuesta, solo el 5% de las personas se identifican con una orientación sexual distinta a la heterosexual. 

Así Hacemos Periodismo fija una problemática que excluye a las personas LGBTIQ+ y de la diversidad étnica. Ellas no tienen representación y son discriminadas tanto en entornos laborales como en las coberturas periodísticas.

“Me molestan con que soy lesbiana. Encima, piensan que ser lesbiana es un insulto. En una ocasión hicieron un comentario general que la gente como yo está mal y no le gusta tenerla cerca”, contó ‘S’.

Pero la exclusión no solo inicia en los procesos de selección, sino que comienza en las instituciones académicas. ‘G’, una mujer trans de 33 años, hace periodismo, pero no tiene título profesional porque desistió de ingresar a un centro universitario. “Creo que realmente la academia no es un lugar para las autoidentificaciones trans. Yo sabía que en algún momento me iba a sentir mal con estudiantes, profesores, y con el mismo currículo”, dijo.

Frente a la falta de representatividad en medios tradicionales, ‘G’ afirmó que la nueva vía es la creación de medios alternativos o comunitarios y es precisamente lo que ha hecho ella para continuar con su oficio. Durante su experiencia, señaló, “es importante para mi propia comunidad tener un medio propio donde podamos hacer y crear nuestro contenido libremente”.

Tras el análisis de los datos, Chicas Poderosas Ecuador concluyó que las personas trans e indígenas, entre otras diversidades, no tienen lugar en los medios de comunicación. La investigación estableció que los equipos de trabajo en estos espacios están distribuidos así: el 13 % con la mayoría de mujeres; el 13 %, en cambio, mantiene un equilibrio entre mujeres, personas LGBTIQ+ y hombres. El 9 % está compuesto solo por hombres y apenas un 2 % está conformado por personas LGBTI.

“Esta falta de diversidad influye en la cobertura sesgada y estereotipada desde una mirada racista, andocentrista y cisgénero. Como consecuencia, la mayoría de estas personas optan por ejercicios periodísticos autogestivos y comunitarios que no llegan a ser sostenibles ni justamente remunerados”, se destaca en el informe.


Violencia en el trabajo

El acoso sexual es un problema latente en los medios de comunicación y, pese a la cobertura de la lucha feminista que busca erradicar la violencia hacia las mujeres, casa adentro no existen redes de acompañamiento o la construcción de espacios seguros. La realidad alarma: dos de cada 10 mujeres que participaron en la encuesta han sido víctimas de contacto físico no deseado en su trabajo.

Los testimonios recogidos por Chicas Poderosas reflejan que las agresiones hacia mujeres “provienen de colegas hombres en cargos de igual o más jerarquía, personal del servicio público y la audiencia”. La escalada de violencia comienza, en la mayoría de veces, de forma sutil con bromas machistas que son normalizadas y que, además, varían de acuerdo a la edad y cargo laboral de la periodista.

Una constante, en las experiencias vividas por mujeres en medios de comunicación, es el acoso a través de relaciones de poder: tocamientos no consentidos, comentarios sobre su aspecto y estética e incluso solicitudes de favores sexuales a cambio de promociones. De hecho, el 13 % de las mujeres que respondieron la encuesta recibió más de una vez “ofertas laborales o promesas a partir de un acercamiento inapropiado que fue provocado por un colega hombre en una posición superior”. Sin embargo, la violencia está tan presente en la estructura que la posibilidad de denunciar cae en un vacío, pues no existen políticas claras para hacerlo en los medios.

“Consideré que es peor entrar en un proceso de denuncia porque no iba a haber un resultado. Porque si el director de noticias te dijo algo sobre tu apariencia, eso es lo que pasa aquí y si eres tan sensible no deberías ser periodista”, recordó ‘M.’


Maternidades que incomodan

Una de las grandes falencias en los medios de comunicación es la falta de políticas de maternidad para evitar contextos de discriminación y eliminar el estereotipo social de que ser madre justifica el cuestionamiento de la capacidad laboral de las mujeres.

“Es muy común que se considere la maternidad como un factor determinante antes de contratar o promover a una mujer; les preguntan si piensan ser madres en entrevistas de trabajo, según las entrevistas y los grupos focales que realizamos”, dice el informe.

“Tú no puedes trabajar porque los bebés se enferman. Vas a estar pidiendo permiso y no te voy a contratar. Yo más bien pensé que mi vida de periodista se terminó porque no volví a encontrar un empleo formal”, contó ‘V’, de 50 años.

La investigación reveló que el 67 % de las mujeres encuestadas no tiene hijos y el 5 % cree que la maternidad puede ser un obstáculo para avanzar en su carrera laboral. Además, el 80 % de mujeres que tienen hijos tuvieron que rechazar al menos dos veces o más una oferta de trabajo.

En pandemia, el teletrabajo se ha posicionado como la única modalidad laboral en diversos campos, incluido el oficio periodístico. Sin embargo, solo el 30 % de las personas encuestadas accedieron a esta modalidad para cuidar a sus hijxs. Los medios de comunicación no brindan acceso a una jornada reducida o a la construcción de espacios de cuidado para los más pequeños.


Periodismo masculinizado

El liderazgo de mujeres en los medios de comunicación está marcado por la desiualdad: solo el 12% de las mujeres contestaron que están al frente de altos cargos, mientras que el 16% de los hombres los ocupan, a pesar de que apenas representan 30% de la muestra del informe.

“Cuando llegaron dos editoras hubo mucha resistencia del personal masculino, que era la mayoría en la redacción. Recuerdo que un compañero dijo: ‘Aquí nunca va a funcionar una mujer editora’. Una de ellas duró un año y la otra seis meses”, relató ‘K’.

El trabajo de Chicas Poderosas Ecuador pone de manifiesto la necesidad de implementar políticas claras y justas que garanticen la seguridad de las y los periodistas en los medios de comunicación. Las mujeres y personas LGBTIQ+ continúan enfrentándose a espacios que normalizan la violencia machista y la discriminación. Tras la presentación de resultados, la equipa ofreció una serie de sugerencias dirigidas a la administración de espacios laborales. Entre ellas, por ejemplo, está la capacitación permanente de las mujeres y apoyo económico; la creación de políticas institucionales incluyentes y espacios libres de violencia, generando discusiones internas, levantando datos y definiendo medidas claras frente a los abusos laborales y sexuales.

La construcción de lugares seguros para las personas que ejercen el periodismo en el país son vitales, señala la colectiva, sobre todo, con la creación de protocolos que permitan identificar y denunciar la violencia sexual y de género. Y no solo en los medios de comunicación, sino desde las universidades, centros en el que se inicia el oficio. Es imprescindible, además, la inclusión de enfoque de género en los currículos y la enseñanza que impulse el pensamiento crítico e interseccional sobre las desigualdades que enfrentan cada día las mujeres y personas LGBTIQ+.

Karol E. Noroña