Lavinia Valbonesi es una mujer acusada de tráfico de influencias en calidad de accionista principal de la empresa Vinazin S.A., constructora de un proyecto inmobiliario millonario en Santa Elena, en una zona declarada protegida. La impunidad con la cual actúa deriva de su posición de excepcional privilegio en tanto primera dama de Ecuador, posición que la ha convertido en un figura pública muy distante de cualquier estudiante. Las estudiantes en Ecuador, por lo general, cargan mochilas donde también hay pañales, el almuerzo del día que cocinaron a las 4 a.m. para no gastar afuera, catálogos y productos que intentan vender, sean labiales o perfumes y ropa de plataformas en las que ahora pagan USD 20 por importación, además de sus materiales de clase. Por lo general, a diferencia de Lavinia, no exhiben carteras Hermès que cuestan más de 29 mil dólares, equivalentes a 63 salarios básicos que usarán en actos de pederastas como Donald J. Trump, a quienes aplauden emocionadas. Las estudiantes pelean cada minuto del día para poder trabajar y cuidar a sus hijos e hijas. Por lo general, no los exhiben en casas millonarias mientras otros niños pequeños son entregados muertos a sus madres en cajas de cartón.
Para que una mujer se gradúe de la universidad en Ecuador, debe llegar viva a la edad universitaria. Si llega viva, habrá sobrevivido abuso sexual, acoso sexual, violación o bullying en el sistema educativo y en la vida. Si lo sobrevive, permanecerá en una institución donde su derecho a la educación estará condicionado por su origen y su clase mientras lidia con un trauma que no tendrá tiempo de procesar, porque mantendrá varios trabajos informales para sobrevivir. Si esa mujer tiene discapacidad o tuvo que migrar y empezar de nuevo, habrá sobrevivido violencia y, además, habrá retrasado su proyecto de vida. Y todos los putos días tendrá miedo de llegar tarde a su casa, que queda en un barrio gobernado por bandas criminales o sin electricidad, pero no tendrá plata para un Uber. Esto, además de esquivar a las patrullas y militares que la acosarán o intimidarán si hay “toque de queda”.
De cada cien mujeres en Ecuador, 49 tuvieron su primer hijo entre los 15 y 19 años, edades que en su mayoría corresponden al período de educación secundaria, previo al ingreso universitario. Si logran combinar su maternidad, en muchos casos producto de violación o estupro, ingresarán a la universidad siendo madres empobrecidas. Si son niñas madres y, además, las “protege” alguna banda criminal, quedarán cercadas por la violencia, no irán a la universidad, no le verán sentido.
El Consejo de Educación Superior será nulo en el tratamiento de esa violencia y archivará los casos en nombre de la “autonomía universitaria”. Y ya que este gobierno eliminó Senescyt y el Ministerio de la Mujer y DDHH, dejando en ruinas los presupuestos y leyes para la erradicación de la violencia, las universitarias se verán indefensas ante todas las violencias que les impiden estudiar en paz. Sus profesores y compañeros de izquierda, centro y derecha se sentirán legitimados por un presidente que dice que es capaz de “pegarse tres palos” y prefiere hablar de su capacidad de erección antes que de violencia.
La deserción estudiantil vendrá por la pobreza, porque las condiciones socioeconómicas no dan más. La pobreza traerá violencia: a enero de 2025, 43% de las personas asesinadas en Ecuador fueron jóvenes de entre 18 y 29 años que jamás irán a la universidad. Cientos de docentes han sido víctimas de vacunas. Hay testimonios de profesores que narran el riesgo que corren al reprobar a estudiantes que integran bandas criminales. El personal escolar no reporta incidentes de drogas, violaciones ni extorsiones por las amenazas que reciben y la absoluta desprotección institucional. Mientras tanto, la ministra de Educación, la vicepresidenta, la primera dama, juegan a la casita o en columpios.
Ecuador cerró el año 2025 con 9.216 homicidios intencionales, la cifra más alta de su historia. Más de 3.000 víctimas tenían entre 18 y 29 años, edad universitaria típica. Son datos oficiales del Ministerio del Interior y la Policía Nacional. Ecuador es un país que desaparece y asesina a niños y jóvenes por miles por medio de los aparatos del Estado. Anoche, vi cómo pasaban patrullas intimidando y deteniendo a jóvenes una hora antes del toque de queda en Quito, en escuadrones que pueden desaparecerlos en cualquier momento.
En sectores tomados por el crimen organizado, los grupos delictivos o elementos activos del mismo estado pueden pagar a los adolescentes y jóvenes miles de dólares al mes para trabajar en sicariato, trata y tráfico. Los jóvenes de nuestro entorno migran, se hacen guardias de seguridad en empresas dudosas creadas por policías y militares retirados o caen en abuso de sustancias para huir de la pesadilla que es ser joven y vivir el empobrecimiento en Ecuador.
En el año 2025 hubo 411 femicidios en Ecuador. Geraldina Guerra, de Fundación ALDEA, que no ha dejado de monitorear nuestras muertes desde 2017, explica que los cuerpos de mujeres son usados para marcar territorios en zonas en disputa de grupos delincuenciales. Así, las mujeres en edad universitaria enfrentan un doble riesgo: son el grupo de mayor prevalencia de acoso y violencia en las universidades y, a la vez, representan más de la mitad de las víctimas de feminicidio a nivel nacional.
Los jóvenes perseguidos en Otavalo, vejados, ejecutados y encarcelados, tampoco irán a la universidad, si es que acaso se les hubiera ocurrido. Tras el trauma que vivieron cuando los militares los amenazaron con tirarlos del avión en que los llevaban a la cárcel de Esmeraldas, cuando se orinaron en su comida o cuando los torturaron –hubo cortes de cabello durante las protestas, acto de humillación racista de los militares–, esos jóvenes permanecerán en vilo por largo tiempo. Mutilados, sin pies, sin piernas o discapacitados por balas del Estado, esos jóvenes demorarán años en cerrar sus ojos y no ver pesadillas. ¿Qué pensará Lavinia Valbonesi mientras hace de influencer sentada en una casa, desde donde se comanda toda esa violencia?
Leo de académicos opuestos al narco-régimen de Noboa que no hay academia que defender en Ecuador luego de esto, que todo está perdido. Sin embargo, hay miles de estudiantes que van todos los días a la universidad, comprometidos con sus estudios, apasionados, igual que hay miles de docentes que se levantan y apuestan por su aula y por la transformación social a través de la educación. Hay escuelas comunitarias, universidades en los márgenes, colectivos de formación, que apuestan por la educación. La superioridad intelectual de los académicos produce estas impresiones taciturnas. Del otro lado, las tesis robadas ni plagiadas son el horizonte que tenemos, conocemos otros, mucho más amplios y persistentes.
Que Valbonesi, funcionaria del actual narcogobierno y cómplice de violencia, no olvide que ya JAMÁS IRÁN A LA UNIVERSIDAD:
- Carlos Xavier Vega, 19 años. Ejecutado extrajudicialmente por el estado.
- Ismael Eduardo Arroyo Bustos, 15 años. Desaparecido y asesinado por el estado.
- Josué Didier Arroyo Bustos, 14 años. Desaparecido y asesinado por el estado.
- Nehemías Saúl Arboleda, 15 años. Desaparecido y asesinado por el estado.
- Steven Gerald Medina Lajones, 11 años. Desaparecido y asesinado por el estado.
- Adriana Arroyo, 21 años. Asesinada en 2026 por buscar justicia para sus hermanos.
Bruno Rodríguez, Fardi Muñoz, Cirilo Minota, Oswaldo Morales, Neivi Quiñónez, Ariel Cheme, Jordy Morales, Dave Robin Loor Roca, Juan Santillán, Jairo Tapia, Dalton Ruiz, Cristian Sandoya, Óscar Adrihan, Jonathan Adrihan, Jeampier Castañeda, Justin Valverde, Justin Álvarez, Fabricio Alvarado, Jason Franco, Miguel Morán, Kleiner Pisco, Carlos Pisco y Jonathan Villón Velazco, desaparecidos por el estado.
- Keyla González Mercado, influencer asesinada durante una transmisión en vivo .
- Nicole Chisag Guamán, policía asesinada por su pareja, otro policía.
- María Fernanda López, asesinada por su pareja.
- Noemí, asesinada por su pareja.
- Las 200 mujeres en edad universitaria asesinadas en 2025, en un país sin protección para ellas.
Y que luego de leer la lista, recuerde que no es ella, millonaria, traficante de influencias, indolente frente a la niñez, una víctima. Es la cómplice del perpetrador que manda a los jóvenes de este país a las prisiones, a fosas comunes y a la mayor de las desolaciones.
Autoras


