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Elsie Monge en la sala de su departamento en Quito. Marzo de 2022. Foto: Karen Toro A.
| Carolina Loza León

La creatividad como lucha y las Américas en tiempos de fascismo, según Maria Galindo

María Galindo, habla después de la proyección de su película Revolución Puta, durante el Festival TransAmériques, 6 de junio de 2026, Montreal. Foto: Maryse Boyce /FTA

Una sala con un escenario y un techo alto de la Universidad de Quebec se llenó de estudiantes y artistas en una lluviosa mañana. Era la sede del Festival TransAmériques, festival de artes escénicas que se celebra cada verano en Montreal y que tuvo como eje central preguntarse "¿Qué son las Américas? ¿Cómo las pensamos en tiempos como los que vivimos?”

En esa espera, de repente se escucha una voz que rompe con los murmullos: “Estamos haciendo la revolución, hay un mundo que cambiar. Es la única posibilidad”. La invitada estrella, María Galindo, cofundadora del colectivo feminista anarquista boliviano Mujeres Creando, apareció, generando algarabía. Los aplausos y las sonrisas no se hicieron esperar mientras Galindo caminaba alrededor de quienes asistieron. “¡Que vivan las putas, que vivan las gordas!”, gritaba, mientras se escuchaban los aplausos.

En una mesa, una estudiante universitaria interpretaba del español al inglés, en el escenario se tomaban turnos para traducir lo que Galindo decía en español, al francés. Los ejemplares de su libro, Feminismo Bastardo, se vendieron en minutos.

La atención no decayó en más de dos horas de charla post proyección del documental.

Parecía ser que Galindo personificaba en esa mañana veraniega en Montreal lo que muchas no logran balancear; optimismo en tiempos de fascismo.

El diálogo se centró en estar cómodos en el desacuerdo y la utopía de querer cambiar el mundo porque “para nosotras (mencionó Galindo) no existe otra opción.” Con “nosotras”, se refiere al trabajo que hace con Mujeres Creando, un colectivo feminista nacido en Bolivia, que lleva casi tres décadas de lucha.

Galindo fue invitada para la proyección de su documental: "Revolución Puta". La película muestra a través del performance, cómo trabajadoras sexuales se tomaban plazas y  mercados bolivianos e interceptaban a los transeúntes.  Hicieron preguntas que incomodaron con su sola presencia a quienes pasaban, el público notaba el doble estándar con el que se las juzga y el hostigamiento isotérmico que sufren las trabajadoras sexuales en Bolivia.

Después de risas y silencios incómodos y algún comentario en voz alta señalando el doble estándar evidenciados en el documental, María tomó el micrófono. Por dos horas habló del feminismo intuitivo, el feminismo que nace de la incómoda ruptura de los mandatos impuestos a nuestras madres, en las calles, en la indignación que generan los femicidios. Recordó a todos que la lucha social no es un suplicio, y que darse por vencido es lo que busca el sistema patriarcal. Que desde Latinoamérica, ella pese a experimentar dolor, amenazas de muerte y exilio, sabe que se puede luchar desde el placer y alegría; y que ahora más que nunca, el diálogo es necesario.

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Aquí, extractos de las preguntas realizadas durante la charla y la conversación posterior que tuvo María Galindo con La Periódica. 

La escritora cubano canadiense Élise Ross-Nadié moderó el panel de María Galindo y se enfocó en el rol del arte para generar reflexión en este momento político que atravesamos, de políticas migratorias basadas en la racialización, la avanzada política de la extrema derecha. Élise sonreía mientras preguntaba cómo atravesamos estos momentos de reconfiguración hacia un fascismo en Latinoamérica. Cuando María preguntó a Élise y al público: ¿Cómo es la vida en las calles, la comunidad en la calle?, alguien exclamó: ¡Aquí no hay vida en la calle! y sonrió.

La gente escuchó cómo María transita este momento, cómo Bolivia transita este momento. Cómo enfrentar un momento global de miedo al Otro, al que piensa diferente. La gente prestaba atención porque veía en Maria Galindo la respuesta.

¿Por qué el performance?

El performance se mueve en el espacio. La performance es interesante porque tiene potencial, porque puedes usarlo de manera democrática. En un sentido democrático. 

Yo trabajo en simbolismos, cultura popular. Tiene una gran posibilidad. Fue la manera de que un grupo de trabajadoras sexuales tomen las calles y metan una discusión en la calle.

¿Por qué en la calle?

La calle para mí es el afuera. Es un lugar de la política, un lugar de la democracia. Un afuera de la institución. Espacio político de contrapoder, anti institucional. Es el escenario de la historia. La historia no transcurre en las instituciones. Cuando vas a la universidad, te encuentras entre quienes han sido ya cernidos, no los que llegaron a ti. En el museo, no te encuentras con quienes no llegaron allí. Quienes fueron descartados y no llegaron al museo… no los encuentras. Los encuentras en la calle. 

Ese encuentro entre diferentes es la levadura de la filosofía, de la política y de la revolución. Somos indias, putas y lesbianas juntas, revueltas y hermanadas. 

Izquierda y derecha son categorías del siglo XX. Es importante generar categorías del mundo contemporáneo. No quiere decir borrar y decir todo es la misma mierda. Pero, por muy espeluznante hay continuidades entre el progresismo y la extrema derecha. Es reflejo de un proyecto capitalista colonial. 

En 2017, el mural El Milagroso Altar Blasfemo, realizado por  Mujeres Creando para la muestra “La intimidad es Política – sexo, género, lenguaje, poder”, en Quito, desató una fuerte polémica con la Iglesia católica por su contenido crítico. Tras ser temporalmente censurada, la obra fue reabierta al público bajo un régimen de visitas guiadas en el Centro Cultural Metropolitano.

¿Cómo ha sido para ti estar acá (en Montreal) en estos espacios, considerando lo que pasó en Quito con la Iglesia y la censura? ¿Sientes que hay diferencias?

Si, si, si. Allá nos metimos en problemas (Risas). Mira, yo soy una persona muy versátil. Entiendo rápidamente las lógicas y las metodologías de cada espacio.

Una cosa es un festival de arte, otra cosa es una muestra en un museo, otra cosa es Quito, otra cosa es Montreal, otra cosa es París. Y yo en ese sentido quiero dejar claro que estoy convencida que las posiciones que vengo construyendo, si hablamos de un feminismo intuitivo, de un feminismo bastardo, que son cosas de las que yo soy autora; si hablamos de la despatriarcalización. Quiero dejar claro que  estoy absolutamente convencida de que no somos pensamiento local. La idea que nuestro pensamiento tiene fronteras y sus fronteras son los límites de su validez. Entonces, que solamente el pensamiento universal tiene como origen el norte, el norte hegemónico, la academia.

Yo no soy una persona contraria a lo que se pueda producir en la academia o contra lo que se pueda llamar como teoría, pero sí soy contraria al desprecio epistémico que hay sobre las otras epistemologías de los pueblos indígenas, de las luchas sociales, el lugar que yo ocupo es un lugar de pensamiento. Y al ser un lugar de pensamiento quiere decir que yo estoy construyendo paradigmas que tienen una capacidad agitativa muy fuerte, una capacidad explosiva muy fuerte porque vienen de una sociedad explosiva, no porque yo tenga quién sabe qué virtudes.

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Durante la ponencia de Galindo entre el público se veían Wiphalas, gente de la comunidad boliviana en Montreal que vino a verla y se acercó a ella después. Había una fila de estudiantes universitarios que leyeron sus textos y admiran su trabajo. Y luego, una invitación de la comunidad boliviana a un restaurante en los próximos días. En cada uno de esos encuentros, la gente le preguntaba a María, cómo hacemos para atravesar este contexto actual. 

¿Qué hacemos con la situación actual?

Hay que darse el permiso y la autorización para pensar en lo nuevo, lo que está por venir. No es la dicotomía: progresismo o extrema derecha. En eso pierde el universo trans, las trabajadoras sexuales, los pueblos indígenas. La riqueza de pensar está en pensar en un mundo anticolonialista, anti patriarcal.

Estamos ante un modelo de dominación que parece muy absoluto. Y parece que ha invadido nuestra propia subjetividad. Parece imposible y difícil responder esa pregunta. 

Yo creo que podríamos configurar esa visión de lo nuevo, de lo otro. Utilizando una canasta donde vayamos recogiendo poquito a poquito, las construcciones pequeñas de diferentes aportes geográficos, políticos, culturales, intelectuales, teóricos. La propuesta no será un nuevo marxismo, un gran ideólogo teórico, un nuevo leninismo, un nuevo trotskismo, un nuevo feminismo.

Yo hablo de un feminismo intuitivo que es masivo, es popular. Que viene de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, que es ¡In-a-pro-pia-ble! que es una insubordinación histórica. Y no es ilustrado. No es una deriva de la producción teórica académica, que no es que la desprecio, pero lo siento mucho. ¡Se quedaron en sus aulas, se quedaron en sus élites y váyanse a la mierda con eso! 

Esas propuestas de la lectura histórica social, las propuestas van a salir desde abajo. ¡De quienes NO podemos más!

María Galindo, habla después de la proyección de su película Revolución Puta, durante el Festival TransAmériques, 6 de junio de 2026, Montreal. Foto: Maryse Boyce /FTA

¿Qué es feminismo bastardo? ¿el feminismo intuitivo?

El bastardismo que planteo es instalar primero un lugar de enunciación desde la ilegitimidad. A contracorriente de las voces identitarias. Ha sido una herramienta para cuestionar el universal blanco burgués masculino, heterosexual, etc. Cuestionar lo universal, construir el identitarismo, ha sido un proceso legítimo. Pero luego el identitarismo se ha estancado en un encierro sobre la identidad. Sobre la identidad indígenas, de mujeres como identidad, tantos identitarismos. Se ha encerrado. Ha perdido la conexión entre las diferentes formas de opresión. Hemos perdido alianzas importantes; muchas veces hemos caído y entrado en el fundamentalismo ético. Hemos caído en una serie de fundamentalismos o de victimismos. No es por burlarme. Pero ¿Cómo salimos de ahí?

El bastardismo es descolocarse de ahí, del identitarismo a un lugar que no implique una superioridad. Me voy a un lugar deslegitimado. Lo Bastardo es la deslegitimación por excelencia. Es la no pertenencia, es la pertenencia de contrabando. El bastardismo en una sociedad como la mía, fue la condición que instaló el colonialismo. La mayor parte de hijos inscritos por la iglesia católica eran bastardos. Yo quiero ser una de esas (bastardas).

En América Latina hay un auge de políticos de derecha que se alinean con políticas fascistas. En ese contexto, ¿cómo entendemos el diálogo hoy? ¿Cómo lo ves en la región?

Es muy necesario, pero es un diálogo desde abajo. Es un diálogo entre nosotros.Y no podemos perder el espacio y la necesidad de enlazarnos. ¿Y cómo nos vamos a enlazar? Dialogando entre nosotros. Eso es fundamental. Es casi una contra estrategia subversiva muy importante.

Yo tengo mucha esperanza en el diálogo, mucha esperanza en la necesidad de hablar, de transmitir, de preguntarnos, de deconstruir, de analizar. El trabajo de análisis es muy importante, pero sólo es posible si está fundado en un diálogo, porque si el trabajo de análisis es un acto arrogante desde arriba de mirar jerárquicamente y verticalmente una sociedad para decir: esto está pasando, desde una mirada cenital, no funciona. El análisis desde una mirada horizontal es muy activante.

Hay mucha gente que siente que ya no hay nada más que hacer, que no hay esperanza de mejorar; es un sentimiento que, al menos en Ecuador, se vive mucho. Tú hablabas de la incomodidad, pero también del diálogo: ¿cómo se sostienen esas ideas en un contexto así?

Mira, la desesperanza, el nihilismo, el final fatal al que supuestamente estamos yendo es el guion del sistema, porque es minarnos por dentro. Es realmente dejarte en una sensación de impotencia total de que nada sirve.

Es sumamente subversivo cultivar las esperanzas, activar las esperanzas, activar los sueños.En ese sentido las prácticas, que las sociedades se dan para las prácticas de bienestar colectivo, como pueden ser las fiestas populares, las pequeñas celebraciones,  la cultura popular, son fundamentales para generar ese tejido de ternura, ese tejido de esperanza, ese tejido de bienestar. Hay una noción de bienestar que podemos producir en los pueblos y que no pertenece al capitalismo.

La presentación que hiciste de tu trabajo era también esta manera de decir: me apropio de estos términos, me apropio de lo que han dicho de mí y lo celebró desde abajo, ¿no? 

Precisamente. 

Entonces, si tú hablas con una mujer, por ejemplo, ecuatoriana, ¿cómo le dirías eso?

Como mujer, no vas a enfrentar al patriarcado por haber hecho una maestría o por tener dinero, sino desde una sabiduría que sabemos que en Ecuador existe y que también está muy presente en Bolivia.

Somos un sujeto colectivo, construimos comunidad y cuando construyes comunidad — porque no me estoy refiriendo solo a los pueblos indígenas— nos va bien a todas o no, eso es comunidad. Entonces, esa fuerza que nos damos mutuamente es un saber. La comunidad no te debilita, te fortalece, es un principio que es válido más allá de si la colectividad está en Montreal, en La Paz, en el altiplano boliviano o en la Amazonía. El principio de colectividad es muy importante para los seres humanos y ha sido intervenido por la psicología norteamericana para decir que el principio de colectividad solo funciona a partir de un líder. Y eso no es así.

Tenemos que recuperar nuestras nociones de bienestar y contrastarlas, porque el capitalismo ha logrado generar un discurso dictatorial, pero que no parece dictatorial porque parece democrático, pero en realidad es dictatorial en cuanto que se considera único y absoluto.

En éstos años de trabajo, ¿qué has visto que ha cambiado para bien o para mal, y, ¿cómo manejas esa hipocresía que hay en todo este ambiente?

A mí muchas veces también me pasa esa sensación de cansancio o de sentir que nada cambia. No quiero que nadie piense que estoy ajena a esa frustración. Muchas veces quiero agarrar todo lo hecho. Yo no soy una jovencita, son muchos años de trabajo y esa arena que se escurre entre mis manos. Tengo la sensación de que no pasa nada, que nada ha ido a ninguna parte y que estamos en punto cero. Y que re-empezamos.

Luego tengo también el sentimiento de que esto es infinito, en el sentido de que hemos hecho mucho. Pero eso no significa que llegas a un punto donde ya has llegado a algo que es estable, sí creo que es muy importante primero el proceso más que el punto de llegada. Segundo, es muy importante el proceso en cuanto al placer que te da.

El camino hacia donde estamos yendo tiene que estar lleno de alegrías, de pausas, de contradicciones, de color, de pasiones porque si no, estamos equivocándonos, porque el camino había sido más importante que el punto de llegada.

Hemos transitado de la imposibilidad o el escarnio de no denunciar violencia machista a la noción absolutamente universal de que la violencia es inaceptable en tu vida privada. Y esa es una noción que no le pertenece al estado, que no es producto de la ley, que no viene de allá, si no que viene de una conciencia profunda de insubordinación. Yo creo que hemos llegado a muchas soberanías, la soberanía sobre nuestra maternidad, la soberanía sobre me visto como me da la gana, me desvisto donde me da la gana. Muchas soberanías están haciendo cuerpo. Y están hallando cuerpo y están hallando raíz.

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María Galindo es una de las activistas feministas, psicólogas, escritoras y comunicadoras más influyentes de Bolivia y de América Latina. Es cofundadora y la cara más visible de Mujeres Creando. Se define como anarcofeminista y es conocida por su estilo irreverente, confrontativo y sumamente crítico tanto del sistema patriarcal tradicional como del feminismo académico institucional.

Mujeres creando, del cual Maria Galindo es una de sus fundadoras, es un movimiento feminista y anarquista que utiliza la creatividad y el arte urbano como herramientas fundamentales de resistencia política. Cuentan con una radio, Radio Deseo.

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Autoras

Carolina Loza León

Periodista ecuatoriana que colabora con medios nacionales e internacionales como BBC, NPR y Foreign Policy. En 2022 fue finalista del Premio Gabo por la investigación de CLIP “El negocio de la represión” y en 2021 ganó el Premio Jorge Mantilla Ortega por su investigación sobre detenciones arbitrarias de pescadores.