Daniel Moreno


Daniel Moreno
Jeanneth Cervantes Pesantes

Daniel Moreno, artista drag queen y activista, “salió” al ambiente gay en el año 1984, cuando tenía 14 años y la homosexualidad aún era penalizada en el Ecuador. En ese tiempo los sitios de encuentro eran inseguros, y mientras más clandestinos menor era el riesgo de ser víctimas de alguna redada o agresión policial.

La Policía tenía varias estrategias para hacer ‘cacería de homosexuales’, comenta Daniel. “Hacían batidas sorpresa en bares, o interceptaban en la calle a quienes lucían ‘sospechosamente homosexuales’”. Comenta que hicieron una de estas batidas en el bar conocido como El Hueco, –también llamado Tercer Milenio– una de las discotecas de ambiente más famosas e históricas de Quito. Allí vio cómo la Policía se llevó a uno de sus amigos, un bailarín de la Compañía de Danza. Días más tarde, el muchacho fue reportado como desaparecido, y tras una búsqueda encontraron el cuerpo del joven bailarín en la morgue, con signos de una brutal violencia. Este asesinato no fue esclarecido, pues el parte policial decía que él salió en libertad y horas más tarde hallaron su cuerpo.

Después de esa desaparición el miedo se apoderó de Daniel cuando unos policías lo interceptaron cerca del sector de La Marín y le pidieron sus papeles. La escena concluyó con una violación correctiva por parte de varios los policías, “a ver si de ese modo dejaba de salir a las maricotecas” (así llamaba la Policía a las discotecas o sitios de diversión frecuentado por homosexuales).

En aquellos años, vivir en comunidad era fundamental. Por una parte, era un espacio de protección permanente y de código de cuidado mutuo, pero además volvía posible el aprendizaje entre unxs y otrxs. Daniel recuerda que conoció a varios compañeros homosexuales, “ellos siempre me decían ´ve vos Daniel eres joven, iras pensando en casarte porque tú tienes que tener hijos y tienes que pensar en tu vejez, ¿qué vas a hacer cuando seas viejo?, porque de marica no vas a vivir toda la vida’”.

En el tiempo de la penalización tener amistades era algo que debía hacerse, era “el grupo de amigos con los que se salía, entre los que nos cuidábamos unxs a otrxs”, dice. La protección mutua era necesaria, incluso para cuidar su identidad, por lo que usaban dos o tres sobrenombres. Algunos decidían no ocultar su preferencia, pero a otros no les quedó mucha opción. Entre risas, Daniel recuerda a un amigo que tenía por sobrenombre ‘Lord Trailer’. Este cuidado era necesario incluso para quienes eran encarcelados, pues si alguien terminaba preso no era raro que entre la comunidad se cuidaran. Se llamaban a la hora que fuera para que alguien o algunos echen una mano y saquen de la cárcel al detenido por ser o mostrarse homosexual en público.

De las cosas que Daniel recuerda del Quito de los años de la penalización está el hotel Hilton Colón, que guarda ciertas memorias de lo que significó esa época. Daniel cuenta que ahí había prostitución, “trabajaban travestis, muy bonitas, estaba la Dama de Rojo, que fue un personaje muy importante en la comunidad gay”. Quienes trabajaban en el hotel tenían otro estatus social, pero estaban las que trabajaban en las calles Mariscal Foch y Reina Victoria, las que lo hacían por el sector del Congreso y las que trabajaban en el Puente del Guambra. También estaba la famosa ‘T de cobre’, edificio que está en la parte posterior del Hilton Colón, llamado así porque había ahí una escultura en forma de T. A lo largo de la Avenida Amazonas también se ubicaron varios locales de encuentro como ‘Manolos’ y ‘El Escocés’.

Los años de penalización fueron complejos, Daniel vivió fue víctima de una violación correctiva y la pérdida de compañeros a manos de la Policía. Reconoce que, aunque haya sido despenalizada, la discriminación ha tomado nuevas formas, por lo que hay nuevos retos para la comunidad LGBTI; también cree necesario que las nuevas generaciones tomen en cuenta las vivencias de las anteriores. Pone como ejemplo la unión de hecho y los “vacíos legales” que hay en esta, y el fenómeno de la violencia al interior de las parejas del mismo sexo. “Nosotros, los que vivimos los conflictos, los problemas, la persecución, a quienes realmente vivimos los procesos, están dejándonos a un lado porque dicen “eso pasó en tu tiempo”, y no se trata de mi tiempo, sino que ese tiempo, sigue siendo nuestro tiempo, yo no me he muerto aún”.

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La Periódica

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