No abortarás (Segunda parte)

En Ecuador existen centros en los que engañan y amenazan a las mujeres que buscan información sobre aborto.


Mujeres buscan información sobre cómo acceder a un aborto seguro en Ecuador

Cómo funcionan. Una larga lista de mentiras

Los CAM/Profem ofrecen Cytotec y servicios de aborto en sus redes sociales y páginas web. Pero cuando las mujeres se contactan con alguno de sus centros la información proporcionada sobre aborto con medicamentos es falsa y sin criterio científico, lo que significa un riesgo para su salud física y psicológica. Por ejemplo, les dicen que todos los embarazos son de “alto riesgo”, ya sea por la edad, el peso, o el número de semanas de embarazo, y que “no se puede practicar un aborto con pastillas (a pesar de que dicen que pueden ofrecer Cytotec), ya que solo es viable hasta las 4 o 5 semanas”.

La Red de Acompañamiento en aborto Las Comadres reafirma lo que dice la OMS “el acceso a información científica sobre aborto ha disminuido significativamente las complicaciones por abortos en países con leyes restrictivas. Nosotras brindamos información y acompañamos a las mujeres para que puedan acceder a un aborto desde 2014 y en la mayoría de casos las mujeres tuvieron un aborto seguro, completo y sin ninguna complicación de salud o secuela emocional posterior”, afirman.

Graciela (nombre protegido) recuerda que le mostraron imágenes de fetos desmembrados mientras le decían que aunque utilice medicamentos siempre será necesario un procedimiento quirúrgico, “primero te tomarías las pastillas y después con una aspiradora vamos a sacarlo”, le dijeron. Se referían al medicamento Misoprostol.

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A Graciela le dijeron que “no hay garantía de que el proceso funcione”, y que si tomaba el medicamento a partir de la sexta semana se podía “crear una capa muy dura alrededor de la bolsita donde se encuentra el embrión que la haría más resistente a cualquier intento de aborto posterior —‘ni tirándote por las gradas o golpeándote podrás abortar’—, aunque si el feto era ‘mujer’, era más viable, porque si era ‘hombre’, a las 4 semanas ya tenía el corazón formado y el aborto con pastillas no se podía realizar”.

Para Verónica Vera, una de las voceras de Las Comadres, “estos centros intentan persuadir a las mujeres para no abortar, pero lo que logran es que las mujeres tengan un aborto en formas inseguras, las convencen de que la única forma es por un método quirúrgico, cuando está comprobado científicamente que el aborto con medicamentos es seguro. Les dan información falsa sobre la gestación y los tiempos embrionarios con el afán de engañarlas y hacer que sientan culpa”.

Karina (nombre protegido) cuenta que después de hablarle de la Cytotec le explicaron que el método que usarían con ella (estaba en la semana 11 de embarazo) sería el quirúrgico. Según la mujer que la atendió era “un procedimiento delicado, que tiene muchos riesgos”, entre ellos la hemorragia. El procedimiento consistía en un raspado manual con “un cuchillo” en el que “se va sacando al feto mientras está vivo”.

Según las Comadres desde la experiencia de su acompañamiento a las mujeres, muchas llegan con miedos porque en estos sitios les muestran imágenes y videos de procedimientos que no son reales. “La información no solo es falsa y no científica, también reproduce estereotipos de género sobre la inferioridad de las mujeres, que deja entrever una idea de preferencia del nacimiento de niños hombres bastante discriminatoria.”

Es muy recurrente también que muestren un video durante la cita en el consultorio, en el que aparece un supuesto aborto. “Se ve como por poco descuartizan al bebé”, cuenta Sofía. Explica que el supuesto feto de las imágenes tiene la apariencia de un bebé recién nacido, “se ve cómo le saca el brazo, la pierna… todo”. Recuerda que cuando prendieron ese televisor, fue “la parte más angustiante de todo eso”, las imágenes son “muy fuertes: se veían unas manos gruesas, con un poco de suciedad en las uñas, ‘el cuchillo’ (la cánula) y una vagina que era removida como carne mientras ponían inyecciones en los labios vaginales —la anestesia local—”.

Otra de las grandes mentiras acerca de los riesgos del aborto con medicamentos es la cantidad de enfermedades que podrían derivarse del procedimiento. “Me dijeron que me quedaría estéril, que las pastillas me producirán cáncer de seno, de útero, que me tendrían que sacar el útero si aborto”. Todas cuentan relatos similares. Karina muestra un dibujo que le hizo la psicóloga mientras le contaba esta parte. En un recorte de papel hay un torso lleno de círculos pequeños por todas partes: son los supuestos lugares donde las “células madre” producirían cáncer si se practicaba el aborto. Esta información tampoco se corresponde con la evidencia científica existente al respecto.

Para Virginia Gómez de la Torre, Directora de la Fundación Desafío, estos son centros en los que se somete a las mujeres a “tratos crueles y degradantes”. Utilizan el miedo como una estrategia para persuadir a las mujeres a no practicarse un aborto. Adaptan sus discursos según las creencias de las mujeres.

Para Las Comadres, el uso del miedo es algo recurrente en estos centros, ahí afirman que las mujeres morirán durante el aborto. Llegado el momento les preguntan si finalmente se harán el aborto; si a pesar de todo dicen que sí, hacen pasar a la persona acompañante para mostrarles un documento que deben firmar para responsabilizarse del cuerpo si la mujer muere.

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Camila (nombre protegido), que no llegó a asistir a la consulta porque vive fuera de Quito, escuchó por teléfono sobre la intervención quirúrgica, “que no iba a salir bien y que me iba a tocar ir al médico, que tendría hemorragia por la edad y por el alto riesgo. Y en el hospital me iban a preguntar, y yo tendría que decir lo que había hecho. Me dijeron que iría presa, y me iban a quitar a mis hijos”.

Para Verónica Vera, el interés de estos centros no es la vida de las mujeres, sino al contrario “a estos lugares no les importa ni la salud, ni la vida de las mujeres porque las mujeres más pobres están siendo encarceladas por exponerse a abortos inseguros”.

De acuerdo al relator contra la tortura Juan Méndez, los órganos internacionales y regionales de derechos humanos reconocen que “los malos tratos a mujeres que solicitan servicios de salud reproductiva causan enormes y duraderos sufrimientos físicos y emocionales, que pueden ser considerados como formas de discriminación por género”. El relator afirma que son maltrato y tratos crueles, inhumanos y degradantes: el romper el secreto profesional, la confidencialidad en salud, la práctica de intentar hacer confesar a una mujer como condición para que reciba un tratamiento médico y la denegación del acceso de las mujeres a atención posterior al aborto sin miedo a consecuencias penales.

Karina recuerda que le dijeron, “¿qué prefieres, que tus hijos pierdan a su mamá o que ganen un hermano?”. A Sofía le preguntaron si era creyente. Ella dijo que no, entonces le hablaron de “desequilibrio químico en el cerebro”, resultado de la interrupción de su embarazo. Le dijeron que tendría una “depresión muy grande”, que “no podría parar de llorar”, que se sentiría “miserable”, y que su pareja jamás la iba a tocar, ya que “hay una estadística que dice que los hombres sienten asco por las mujeres que abortan, y que abandonan a sus parejas si lo hacen”.

Según Ana Vera, Directora de Surkuna, estas prácticas de los CAM/Profem son “también una forma de violación a los derechos humanos de las mujeres, porque se les impone a las mujeres una maternidad que no desean”.

Karina comenta que el hombre con bata blanca que le atendió le dijo a su pareja: “solo necesito que firmes este papel porque si ella se muere necesito que tú te lleves el cuerpo, y te recomiendo que te deshagas de él, porque sino nos van a culpar a ti y a mí y nos vamos a meter en problemas”. Y le ofrecía, mientras decía eso, una funda de basura. “Fue tan crudo que mi pareja me apretaba la mano como diciéndome: vámonos de aquí”.

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Las mujeres relatan que después de la primera consulta no termina todo; si han dejado sus datos personales las siguen llamando para saber si no abortaron, les llaman reiteradas veces, se aseguran de que no hayan abortado y les sugieren una nueva cita. Las Comadres afirman que varias de las mujeres que han acompañado y que fueron a estos centros reciben llamadas constantes en las que las amenazan con que su familia sabrá sobre su decisión. Algunas de las mujeres, por miedo, han cambiado de número de teléfono para que no puedan contactarlas desde estos lugares.

Para Ana Vera esta situación podría constituirse en un delito penal, pues “rompe con el principio de secreto profesional, ya que de forma ilegal y antiética las personas asociadas a los CAMs usan información obtenida en el ejercicio de su profesión y mediante engaños, para causarles daños psicológicos y sociales graves, afectan la salud mental de las mujeres, sus relaciones familiares o sus decisiones de vida.”

El equipo de La Periódica intentó contactarse con el centro ubicado en el norte de Quito para profundizar más en su funcionamiento y en todas las declaraciones recogidas; la respuesta fue negativa, alegando que un “responsable de comunicación” se encargaría de este tipo de temas. Insistimos por vía telefónica para encontrarnos con el o la responsable, pero siempre estaba “reunido” o “de viaje”. Se acordó una llamada dos semanas después del último contacto en octubre de 2018, que nunca sucedió. Sin embargo, en cada conversación añadieron que sí podíamos agendar una cita con un especialista en el caso de necesitar un aborto.

Finalmente, entramos al lugar y hablamos con el supuesto “especialista”, al que todas las pacientes atendidas en el consultorio de Profem (ubicado en las instalaciones de Megakywi, en la Oficinas de la Favorita, norte de Quito) describen como “un hombre con acento colombiano” que se presentó como “Eduardo”. Él se negó a hablar con La Periódica pero prometió que la “dueña” se pondría en contacto. Nunca lo hicieron a pesar de las llamadas que realizamos para conocer su punto de vista y sus declaraciones sobre el funcionamiento del centro.

¿El Estado conoce la existencia de estos centros?

En Ecuador los establecimientos de salud que en su cartera de servicios brindan atención en salud sexual y salud reproductiva están regidos bajo los acuerdos ministeriales: “Normativa Sanitaria para la emisión de permiso de funcionamiento de los Establecimientos de Salud Público y Privados del Sistema Nacional de Salud” (00000079); y “Tipología sustitutiva para homologar los establecimientos de salud por niveles de atención y servicios de apoyo del Sistema Nacional de Salud” (00005212).

Hay distintos niveles de atención que corresponden al tipo de servicios ofertados y su complejidad. Según Wendy Campoverde, responsable del área de habilitación, vigilancia y control a prestadores de salud de la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de Medicina Pre Pagada (ACESS), las clínicas que ofrecen servicios especializados en ginecología y obstetricia de tercer nivel deben contar legalmente con la verificación de condiciones como infraestructura, equipamiento, normativa y talento humano. Dice que “dentro de infraestructura y equipamiento la agencia regula las condiciones higiénico sanitarias en las cuales van a ser atendidas las usuarias. En el tema de normativa, que se cumpla la expedida por la autoridad sanitaria —el Ministerio de Salud Pública— y en el tema de talento humano revisa que tengan registros en el SENESCYT y en la Agencia de Aseguramiento de la Calidad”.

Campoverde apunta que, según la descripción de los CAM/Profem, estos entran en la categoría de centros que realizan asesoría y consejería sobre aborto, y por eso su regulación no competen a ACESS, pues no son establecimientos de salud. Sin embargo, las testimoniantes y en la página web de dichos centros afirman que el servicio que ofrecen tiene relación con servicios en salud sexual y reproductiva, si estos centros no brindan servicios de salud, entonces ¿qué son?

Virginia Gómez de la Torre plantea algo distinto, dado que los CAMs anuncian un servicio en aborto y tienen infraestructuras y profesionales propios de una clínica. “Estos servicios no se presentan como centros de información, sino como centros donde se va a proveer una interrupción del embarazo”, argumenta. Además, como lo afirman varias entrevistadas, “hacen ecografías, toman datos personales de las pacientes, les piden que regresen y les citan para nuevas entrevistas y hacer un control del embarazo, porque supuestamente hay médicos que van a dar ese servicio”, prosigue. Gómez considera que “tienen equipos de ecografía, con un o una profesional de la salud que maneja ese equipo, eso es atención médica”, y también es “de especialidad, es decir de segundo o tercer nivel”, pues uno de primer nivel no cuenta con esos aparatos. Para esta médica “eso implica que deberían tener un permiso para llevar a cabo su actividad, otorgado por la coordinación zonal o el municipio”, además de los controles de salubridad de ACESS.

La responsable del área de habilitación y control señala que aunque ACESS no regula la actividad de esos centros si se detecta publicidad o actividad relacionada con la práctica de interrupciones del embarazo, debería reportarse y a partir de ahí la Agencia realiza “un análisis de casos en los que hubiese una mala práctica, impericia, imprudencia en algún acto médico en estos establecimientos de salud”. De modo que si hay “alguna denuncia de una mala práctica médica, sería gestionada por nuestro equipo de análisis de casos”.

Por lo que cuenta Campoverde no hay ninguna denuncia al respecto. Es decir, en la Agencia desconocen la existencia de los CAM. Antes de nuestra entrevista Campoverde no tenía conocimiento de su existencia y del servicio que ofertan. Ante esto, persiste la pregunta: ¿quién está a cargo de éstos centros? Acudimos a distintas fuentes del Ministerio de Salud y la respuesta fue remitir a ACESS. Ante esa respuesta la duda es la misma, ¿de qué forma se regulan estos lugares y se garantiza el derecho de las mujeres a recibir servicios de salud e información científica y veraz que no ponga en riesgo su salud física y mental?

Las mujeres abortan, es un hecho

En Ecuador, como en todo el mundo, las mujeres abortan. El 32,6% de mujeres ecuatorianas ha experimentado algún tipo de aborto. Este indicador convierte al país en el primero con más abortos, entre 11 países de Latinoamérica. [1]

A pesar de todo lo que vivieron en estos centros las entrevistadas sí llevaron a cabo su aborto. Otras mujeres que también pasaron por los CAM/Profem prefirieron no dar su testimonio por temor a ser reconocidas.

“Yo salí traumada de allí, llorando, desesperada y eso me persiguió hasta después del aborto”, cuenta Sofía, quien estaba segura de su decisión. Y añade: “no quisiera que nadie pase por eso, es horrible porque te confunde, y menos en un momento así donde una está desesperada y no sabe qué hacer o a quién acudir”.

“Las consecuencias de la existencia de los CAM/Profem pueden ser nefastas para las mujeres”, comenta la psicóloga Daniela Alvarado. “La existencia de servicios que ofrecen información no científica y basada en juicios morales y personales es totalmente irresponsable, antiético y, viola derechos humanos, sobretodo viola la posibilidad del acceso a la salud de las mujeres”, añade. Según Alvarado, estos centros son contrarios a las políticas de salud pública reconocidas por la OMS de “reducción de daños y riesgos”, porque “ponen en mayor riesgo la vida y la salud integral de las mujeres”.

“Cuando tenemos un índice alto de mortalidad materna, altas tasas de embarazos en adolescentes, de las mayores en la región, un incremento en los registros de violencia basada en género (sobretodo violencia sexual) tener servicios sin respuestas oportunas, supuestos profesionales que imponen sus juicios de valor y que no permiten que las mujeres puedan tomar decisiones informadas sobre su vida y salud, , es todo lo contario a lo que un país debe hacer para garantizar derechos, mejorar las condiciones de vida de la población y apostar a una justicia social”, concluye.

[1] Consorcio Latinoaméricano contra el Aborto Inseguro. CLACAI. International Consortium for Medical Abortion. ICMA. Ecuador es el país con más abortos en Latinoamérica. Disponible en: http://www.clacai.org

Aquí puedes revisar la primera parte de este reportaje: https://laperiodica.net/article/no-abortaras/

Última modificación: 29 de abril de 2019 a las 16:20

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