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Elsie Monge en la sala de su departamento en Quito. Marzo de 2022. Foto: Karen Toro A.
| Daría

Las viudas de año viejo: necias costumbres de los hombres escindidos en Ecuador

Converso con mi amigo venezolano, me cuenta que mañana, 31 de diciembre, participará en la carrera de viudas en tacones. Su novio ecuatoriano le acompañará pero su mejor amigo no está en Quito y siente intranquilidad de ir travestida en la calle. Prometo ir, de hecho le prestaré un par de prendas para completar su ajuar. La motivación para inscribirse en la carrera es obvia, se ofrecen premios en efectivo: trescientos, doscientos, cien dólares. Pero no es la única razón… Ni para mi amigo mariquita ni para los muchos hombres —vaya a saber si son heterosexuales, cisgénero y todas esas cosas— que con la excusa de estas extravagantes celebraciones de año viejo participarán de ese cronotopo carnavalesco en Ecuador.

Llegamos a tiempo, he invitado a otra cómplice en esta travesura. Ya somos cuatro. Le entrego a mi venequita un par de rodilleras y medias nailon negras, está lista y enfilada para arrancar. Saco la cámara, hago un par de disparos. El lente es muy cortito y me fascina registrar planos detalle de la musculatura de esos hombres. Nos movemos en dirección a la meta. Recorro esa gran avenida con nombre de río colonizado, vestigio del esplendor del que gozó el sector de La Mariscal, la zona rosa favorita de ricos y pobres en Quito hasta su debacle.

Ella me cuenta que desde hace varios años no pisaba la Amazonas un 31 de diciembre, recuerda que el último festival de años viejos que presenció fue por allá a mediados de los dos mil. Mi memoria es diferente, recuerdo esta escena desde los cinco años de edad: papá preparando una caja de herramientas adaptada para ser neceser y llevar un montón de labiales de varios colores (verde oscuro, negro y violeta eran mis favoritos); delineadores de ojos (que también se usan para definir los labios); cajitas de Petri con pinturas en pasta (blanco y negro, esenciales para fondear los rostros); pestañas postizas, pinceles escolares, trozos de esponja amarilla (suavecita) y gris (más tupida y densa) para difuminar. Papá cargaba: una barneybolsa, su canguro con cinco dólares en monedas para dar el vuelto y las ansias de regresar a casa con algo más de dinero. Era lo que se dice un pintacaritas.

Obviamente papá no se nombraba así, antes de mi nacimiento entró a estudiar profesionalmente maquillaje sobre cuerpos desnudos. Siempre aclaraba que era sobre cuerpos desnudos de MU-JE-RES. Le aterraba que alguien imaginara sus dóciles manitos sobre las pieles incandescentes y musculosas de otros varones. Tras cinco, seis años de estudiar y hasta ganar un concurso internacional huyó del maquillaje, él decía que huyó de los hombres en el maquillaje, con los años nos explicaba, que huyó de los hombres homosexuales que reinaban en el mundo del maquillaje. Comprendí que huyo de la homosexualidad allá donde ésta se maquillara.

¿Algún día papá podrá huir de su cuerpo?

Dakotta Delta, transformista profesional posa ante la cámara mientras hace fila para registrarse en la carrera. 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

¿Listos? ¡Fuera!

Buscamos el mejor lugar para ver la carrera pero el tramo es tan corto y la calle tan estrecha, todo sucede rápido. Solo me fijo en sus cuerpos, condenados cuerpos. Peludos o lampiños. Gordos y flácidos. Firmes y tonificados. Pequeños o grandes. Blancos o mestizos. Negros. Pero todos muy mal vestidos.

Quien nunca se vistió mal fue Julito.

Diez o doce años, sur de Quito, parroquia con nombre de ferrocarril. Otra avenida en homenaje a un río.

Me excito. Los buses se detienen a cumplir el rito, entregar unas monedas a cambios de risas, roces y rosas.

Julito, ese hombre vigoroso que viene a mi memoria, alto como un obelisco, fuerte como el león de Nemea, es el protagonista de la escena. Piernas grácilmente torneadas, bíceps picudos para agarrarse, sonrisa impresionante. Tacones altos, faldita de bombón asesino, dulzura. Baila, goza, exhibe, convoca, seduce. Mamá está fascinada, ya lo conoce de antes pues es amigo del barrio, de mis primas, es vecino, es basquetbolista. Es la viuda más amable y sensual que jamás conoceré. Irrepetible.

Nadie cuestionaría su viribilidad menos aún cuando pocos meses después en 2007 la noticia de su asesinato corrió. Puñaladas.

Integraba una pandilla, él nos cuidaba.

Viuda con diadema de orejitas multicolores se prepara antes de competir. 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

“Seré una de tus chicas”

La separación entre sus dientes es inconfundible. Y su exquisito cuerpo me recuerda a cuando estuvimos a punto de protagonizar una obra de teatro nudista. Tiene nombre de pueblo indígena norteamericano. Posa para mi lente, siempre el mejor ángulo. La carrera ha terminado y en masa nos apostamos frente a una tarima. Los animadores uno con mucha soltura y el otro recién graduado, invitan a las viudas ganadoras a que suban, que fanfarroneen de sus premios. Luego suben los “extranjeros”, un par de italianos barbudos, unos gringos desabridos y un alemán flaco, gigante.

Pero llega el turno de las reinas. La invitan a ella. Modula perfectamente su voz para engañarnos. ¡Es una mujer! Inmediatamente, antes que alguien descubra el engaño tuerce su lengua maldita y ruge como un toro, interpreta a un Jake Angeli criollo con su característico tocado de bisonte con cuernitos.

"Grrr" o "Rarrr".

Dejo de escuchar.

El público te ovaciona. Dices algo que no entiendo. Que los machos de verdad… no se qué.

¡Uga! ¡Uga!

Responden:

¡Uga! ¡Uga!

Izq: Viuda posa ante las cámaras de medios de comunicación e influenciadores de redes sociales antes de arrancar con la carrera.  Der: Viuda pide apoyo a la mujer que la acompaña tras realizar su registro para la carrera. 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

¿Por qué tanta subordinación con ese pueblo heterosexual? ¿Acaso la sumisión te salvará? Triste propósito para una drag queen. Aunque no eres la primera y no siempre son transformistas experimentadas las que se convierten en alfombra de pelo largo. Sino recuerda el muy aparatoso caso de Troye Sivan en su aclamado videomusical One of Your Girls. Donde la figura del twink joven, delgado, lampiño y de apariencia adolescente se superpone a la de una excesivamente dulce travestí, muy Indya Moore en la 1ra temporada del refrito Pose. La novia perfecta para el incel (célibe involuntario ja, ja, ja) promedio que en la manósfera despotrica de como el “80 % de las mujeres solo se quiere acostar con el 20 % de los hombres” porque son unas interesadas en el dinero y superficiales con los cuerpos, pero que desde ese mismo computador vive obsesionado con los femboys —hombrecitos homosexuales muy sutiles y serviciales— para sodomizary con mujeres trans dotadas (vergonas) que los detonen. No por nada estas dos son las categorías de pornografía que más registran estos usuarios año a año.

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Y como la excelencia está en los detalles al decir de una querida secuaz. Regresa a la canción de Troye, observa el dije que cuelga de su collar en su versión de nené —el sello de Salomón— y de nená —la estrella de David—. Símbolo arrancado de las manos del misticismo judío, del sufismo (misticismo islámico) y hasta del ocultismo de mal gusto occidental para ser israelizado. Claro, la jovencita rubia sudáfrico-australiana tenía que mostrar su “solidaridad” de judía-ortodoxa-moderna cinco días después de que arrancara la fase vigente del genocidio antisemita al pueblo palestino. ¿Nadie en la postproducción del videoclip le dijo que era una mala idea? ¿Que podía ser considerada un símbolo sionista? ¿Se le pasó? ¿No había manera alguna de desenfocar esa maldita cadena? No. Y ya escucho las vocecitas diciendo: “No hay que ser tan duros con las celebridades, hacen lo que pueden con lo que tienen…”. Y bueno… él posee 145 millones de dólares en su patrimonio (registrado).

Si P-A-S-I-V-A-S pero: ¿siempre sumisas?, ¿ante quien?, ¿por cuánto dinero?, ¿hasta cuándo y en qué horarios? y ¿en serio gratuitas?

Así que sumemos dos más dos… Y como nazism(o) y zionism(o) son anagramas te invito a ver una triste historia de casos de la vida real. ¿Sabías que el travestismo como práctica no es únicamente “woke”? Te presento a las travestís nazis, si nazis. Los soldaditos de plomo del régimen alemán elegido democráticamente en las libres urnas de la decadencia fueron enviados a los frentes de batalla y a los campos de exterminio con una consigna que Hanna Arendt develó: ser los mejores funcionarios, los más eficaces, las mejores personas, los más patriotas. Y parafraseando al anarquismo de vieja guardia, los patriotas no pueden ser más que idiotas. Es así que Martin Dammann —un fisgón profesional y un poquito traidor de su nazión— recopiló durante 15 años decenas de fotos de soldados de la Wehrmacht, las Fuerzas Armadas de la Alemania nazi, travestidos de pies a cabeza. No se confundan no estoy diciendo que los soldados obligaban a homosexuales judíos a “disfrazarse” para su entretenimiento (seguro lo hacían y luego los mataban) lo que Martin devela es una verdad de perogrullo: todos los hombres que cualquier régimen encierra entre cuatro paredes desarrollan comportamientos no heterosexuales, no cisgénero. Es decir, se vuelven locas por enloquecer.

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Si crees que estoy generalizando, mira el Vaticano. No hay forma de creer que los curitas, padrecitos y cardenales son célibes por mandato divino, es una gestión política para ejercer —en unos casos— la pederastia o —en otras ocasiones— lo que ellos denominan homofilia (el pecado de la concupiscencia pero sin el delito de la carnalidad) y si no, directamente contratar trabajadores sexuales rumanos (que tampoco son homosexuales). Si me preguntan esta es la mejor opción, así apoyan un poco la economía informal y dejan de violar. Como no me vas a creer te presento mi fuente de información, Frederic Martel un periodista francés que en 2019 publicó el libro Sodoma algo así como una inquisición (nunca mejor usado el término) al interior de esa ficción de paisucho que en tan solo 49 hectáreas puede administrar hasta 4 mil millones de dólares (registrados).

Pero no me canso de mostrar con soberbia mi supuesta erudición en este tema —no por nada me apasiona, es una obsesión—. El 9 de octubre de 2025, se estrenó en alguna de esas plataformas privadas la serie Reclutas —me gusta el título original: Boots, tiene más sabor bdsmdonde se retrata la vida de los aspirantes al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, una de las tantas divisiones de las fuerzas de ocupación y devastación gringa. La producción se basa en un libro de un soldadito guei que sobrevivió a ese disciplinamiento y por lo tanto su bajada de línea es —más o menos— la misma que la del movimiento homófilo gringo durante la década de los años setenta: GAY como Good As You. Es decir: a pesar de ser homosexuales podemos ser tan buenos soldados como TÚ hombre alfa heterosexual blanco, futuro incel neo conservador, maga o sionista, dependiendo tu genealogía.

Y sigo colocando ejemplos de la cultura de masas: Cary Grant, Rock Hudson, Tab Hunter, James Dean, Anthony Perkins y Montgomery Clift. Pero regreso a mi punto. Da igual si los soldados del Batallón Sagrado de Tebas o los Templarios o los Rosacruceso los Masones o los milicos de cualquier estado nazión tienen prácticas como el travestismo o si cogen por el culito, lo que podría ser medianamente importante es (recuperando una pregunta de Pilar Safatle quien firma la reseña al libro de Dammann): “¿Por qué los hombres que peleaban para un partido [el nacionalsocialista alemán] que perseguía a los homosexuales (y aniquilaba sin piedad a [personas] judías, negras, [gitanas] y comunistas […]) para lograr una nueva nación "racialmente pura" admitían en su intimidad representaciones de androginia y travestismo?”.

La respuesta heterosexual promedio justifica que todo era por puro entretenimiento, más o menos, hacerle la guerra a otra gente es un poquito pesado y desgasta a los chicos, tienen que distraerse (jamás abandonar las armas, jamás desertar). Que es una cosa de muchachos, una etapa para vivir y ya. Martin Dammann determinó que “el travestismo entre soldados se dio en el ejército británico, estadounidense, francés y en ambas guerras mundiales”.

¿Entonces porque los hombres en Ecuador practican tradicionalmente ese travestismo año a año? ¿Pues acaso estamos en guerra? ¿Quiénes son los soldados y quienes los enemigos? ¿Quiénes están cayendo abatidos? ¿Cómo te mataron Julito?

Una viuda punki compra a una vendedora ambulante frente a policías . 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

¿De qué está hecho el cuerpo de “las viudas”?

Carne y pellejo, huesos y fascia, sangre y líquido preseminal —en algunos casos—.

Utilizo la cámara como excusa para verlos a todos ustedes. El lente me facilita acercar la mirada a los detalles.

Izq: La viuda 43 y la 40 son captadas minutos antes de arrancar la carrera. Der: Detalle de la espalda de la viuda 43 mientras se sostiene del hombre de la 40. 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

Sonríes, hay nervios, pero gozo. Te afincas sobre el lomo de tu hermano o es tu primo o tu mejor amigo. Se parecen mucho. Tu pelvis choca constantemente contra la cinta de salida. Te emociona como te fotografían. De vez en cuando levantas esa pierna derecha, un jeté desprolijo. Manitos a la cadera.

No eres el único que capta mi atención. Por allá está el fotoreportero de diario Expreso. ¡Que muchacho! Igual de musculado que la viuda de la espala marcada pero más alto, está trabajando. Hago maromas y no logro ver tu nombre en el carnet de identificación que te cuelga de esos prominentes trapecios. Y por allá al fondo, un modelo, un impulsador del único diario de distribución gratuita en Ecuador. Tatuajes y musculatura por doquier.

Pero están los otros cuerpos, claro que los veo. Muchachitos de diecisiete años, escualidos. Hombres de cincuenta, barrigones. Amantes del fútbol de barrio, otros definitivamente son venezolanos. En medio, también huelo a jochis, a mi no engañan. Les encanta la huevada.

Viuda 43 te escucho decir: “Hoy vine a que me morboseen”. Mientras un influenciador de redes sociales aprieta vigorosamente la cabeza corta de tu bíceps derecho. Imagino que Marco Guadalupe —no hay nombre católico más menestra— recorre con sus blancos dedos el contorno de tu manchada espalda, llega a la última vértebra cubierta por tu vestido y puf: tu culo, la magia. Nada de esto pasa pero… Sería el momento ideal para que ocurriera. ¿Quién se atrevería a decir algo? Es el tiempo y es el espacio perfecto. Ellos lo están pidiendo. Si no: “¿por qué se vestirían así?” 

Es increíble cómo a los hombres (incluidos los hombres trans) les pedimos tan poco, les exigimos nada, les toleramos todo.

Las viudas son los hombres privados de placer inmanente.

Clausura

El festival incluía la presentación de monigotes gigantes, este era el único que recobraba el componente de sátira política tan usual en este tipo de instalaciones artísticas y populares. 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

¿Qué piensan los hombres afeminados de esta práctica? ¿Y las mujeres trans? ¿Y las mujeres?

Mientras el enemigo se persigue adentro —como cuando un grupo de activistas antirracistas “confundió” la representación de la pupila del ojo de un “serafín” (ser mitológico, no sexuado, no racializado, no engenerizado, que NO existe) con un acto racista de black face, pero dicho grupo no se indignó de que se reivindique como palestino a la figura del mayor símbolo de la colonización religiosa: Yeshúa, Jesús de Nazaret, Chuchito, Cristo, d10$… en medio del genocidio televisado más deplorable que se presencia actualmente—: ¿habrá que prohibir “las viudas”?, ¿celebrarlas?, ¿participar?

Hace poco una joven mujer trans fue agredida por un grupo de varones en Guayaquil. En el vídeo que se difundió por redes sociales se observa: el lugar de la agresión (podría ser cualquier esquina del centro de la ciudad o de uno de los tantos barrios empobrecidos y sobrepoblados); la interacción de los cuerpos (ella se defiende, ellos la agreden, son montoneros, una amiga interviene para persuadirlos, ellos ríen, se dejan grabar, ella cae al suelo, se protege el rostro, su espalda es agredida); los cuerpos (ellos no son precisamente hombres heterosexuales como los que matan a las mujeres trans —19 transfeminicidios entre 2014 y 2025 en Guayaquil, 24 en total en la provincia de Guayas en el mismo período, 13 transfeminicidios solo en 2025— son homosexuales barriobajeros, ella es guasa, gamín, peleonera, su amiga es igual de joven, gorda, habla quedito, ellas usan chancletas).

Tras la denuncia de la agresión como un intento de transfeminicidio un grupo de activistas —hiper, mega, pluri—feministas emitieron un comunicado —que leyendo rápido— exigía —entre otra cosas— condena. ¿Capturar a los agresores (maricas pobres), imputarles una causa penal, encerrarlos en las cárceles? Cárceles que son el escenario de matanzas, centros de exterminio bajo mando militar, espacios de tortura. Todo en nombre de los “derechos humanos”.

Mientras el enemigo se persigue adentro…

¿No será de hablar de quién y con que fines se patrocinó este espectáculo de masas? ¡La carrera de viudas en tacones! ¿No será de profundizar en la investigación que lleva a cabo el sociólogo ecuatoriano Henrry Allán (UCE) sobre cómo las élites se apoderan del poder del Estado y crean un fenómeno denominado “captura corporativa y puerta giratoria”? Digo, ya que el presidente Noboa extendió una cariñosa invitación pública a través de un tweet para que “los bancos […] paguen el décimo tercer sueldo el 14 de noviembre” tal como el gobierno se había comprometido a hacerlo con su funcionariado (dos días antes de la fallida consulta popular) argumentando que la banca había experimentado “su mejor año en la historia” y así “dinamizar la economía, afectada por el paro indígena” que ese miércoles, 22 de octubre de 2025, llegaba a cumplir un mes de movilizaciones.

¡Oh, sorpresa! Durante 2024, Banco de Guayaquil (del expresidente Guillermo Lasso) ocupaba el 1.er lugar en el listado de entidades financieras con mayores ganancias, pero en 2025 la institución que se hizo acreedora de ese honor fue Banco Pichincha de Fidel Egas. Así: ¡De una!

¡Oh, sorpresa! El sábado 3 de enero de 2026, el presidente Noboa respondía en un tweet al expresidente Correa y enfatizaba en que: “Pronto, con pruebas, le mostraremos al país cómo tú, tu gente y un sector de la banca están coludidos en destruir a un país que ya no te necesita y te rechaza”.

¿Qué sector, señor presidente?

¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado?

¡Queremos saberlo!

La participante número cien finaliza la carrera de viudas en tacones por la Av. Amazonas. 31 de diciembre de 2025. Quito. Foto: Daría

Mi amigo no ganó la carrera, me cuenta que casi sufre una luxación de tobillo porque el participante que le antecedía en el punto de inicio, apenas sonó el pitido de salida, se cayó. Nos anuncia que no volverá a concursar. Posamos para un par de fotos, gente ajena le rapta para conversar y llevarse una postal. Caminamos unos metros y desayunamos. A fin de cuentas, no solo de pan vive el hombre.

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Autoras

Daría

Escribe para no olvidar. Le obsesiona la sexualidad y los hombres.
  • daria@laperiodica.net