“Que se vaya”: un grito de las mujeres.


“Que se vaya”: un grito de las mujeres.
La Periódica

Regresó Abdalá Bucaram a Ecuador. El sábado 17 de junio de 2017 en Guayaquil se preparó una fiesta para recibirlo. Como si los motivos de su fuga del país se hubieran olvidado, como si los movimientos que consiguieron su destitución no existieran. Pero el grito de “Fuera Bucaram, ¡fuera!” todavía resuena en la memoria de quienes en febrero de 1997 salieron a las calles. Muchas de estas personas no saben —o también han olvidado— que las que entonaron por primera vez esa proclama fueron las mujeres. Mujeres organizadas que un día tomaron el té y se tomaron el hotel Plaza, donde vivía en aquel entonces Bucaram.

“Mis compañeras no sabían, pero yo sí. Les dije: ‘vamos a esa protesta’, pero en realidad era algo más: nos íbamos a tomar el Hotel Crowne Plaza —ahora se llama Hotel Plaza—, donde vivía Bucaram”. María Lourdes García, a quien todas conocen como Marujita, miembro del Centro de Mujeres de Solanda, explica como fue el inicio del derrocamiento de Bucaram. Ella, junto con otras mujeres de diversas organizaciones participaron activamente en ese momento político. “Eso fue el principio del fin de ese gobierno”, sentencia orgullosa.

Silvia Vega, docente de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Central, quien también fue integrante de la Coordinadora Política de Mujeres en aquel entonces, relata cómo fue todo: “a fines de enero del 97 se convocó por parte FUT (Frente Unitario de Trabajadores) a una huelga nacional que pedía a Bucaram rectificaciones en el alza del precio del cilindro de gas o la eliminación del subsidio, y para hacerle frente a la deriva neoliberal a la que estaba llevando al país”. El tres de febrero, el día antes del paro, a las cuatro de la tarde, se organizó una velada literaria en el hotel Plaza, a la que asistieron unas 20 mujeres, tomaron el té, leyeron poesías y supuestamente comentarían el papel de Gabriela Mistral en la literatura latinoamericana. En realidad, era una estrategia para acceder al lugar. “Había unas 30 mujeres esperando en el Quicentro, el centro comercial situado justo en frente del hotel. A las 5:30, nos íbamos a encontrar en el lobby, para leer el manifiesto que cuestionaba las políticas del régimen, la violencia machista de ese Gobierno, y en el que pedíamos que Bucaram se vaya”.

Marujita también recuerda ese momento. “Fuimos las primeras en gritar: Fuera, Bucaram, ¡fuera!”. De ahí, esa reivindicación se extendió por todo el país, “nosotras le hicimos famoso”, cuenta. Estuvieron un buen rato tomándose la calle, haciendo bulla con ollas y pitos. “Eso nos marcó a quiénes estuvimos, porque fue el precedente de la caída del Presidente, nos sentíamos unas heroínas”. Así fue como las mujeres empezaron a poner sobre la mesa la posibilidad de echar a Abdalá. Según Silvia Vega “fueron ellas, y no los sindicatos —que soló pedían modificaciones en el campo económico— las que lo plantearon”. Los motivos estaban claros: la corrupción que llevaba practicando impunemente desde su entrada en el campo político, y la actitud violenta que promovía contra las mujeres.

La organización de las mujeres

Esta acción fue posible por la batalla que el movimiento de mujeres llevaba años librando en las calles, y en el ámbito político. En esa época la Coordinadora Política de Mujeres –que se había creado en febrero de 1995– se proponía ser un espacio de confluencia de distintas redes, organizaciones de mujeres y mujeres de manera individual, con la intención de incidir políticamente en el país a partir de las demandas recogidas desde los años 80 en un documento llamado la Agenda Política de las Mujeres. Como cuenta Vega, gracias a ese trabajo, recientemente (en 1994—95) se logró la creación de las Comisarías para la Mujer y la Familia, y la aprobación de la Ley contra la Violencia hacia la Mujer y la Familia : “Los trapos sucios ya no se lavaban en casa”, sino que eran asunto de todxs.

El papel de las mujeres que estaban “envalentonadas y bien organizadas”, tal como recuerda Vega, fue decisivo en la caída. Ecuador no estaba acostumbrado a tener un presidente como Abdalá Bucaram, que “jugaba cascarita o que era a la vez presidente de Barcelona, que no vivía en Carondelet sino en un hotel por miedo a los fantasmas”. Ese desconcierto que describe, provocó desmovilización tanto en la clase política como en los sectores sociales, que no supieron cómo actuar.

El ministro cromañón: incentivo a la movilización

Uno de los detonantes para la movilización de las mujeres fue la actitud del ministro de energía Alfredo Adum, quien se definió como “el hombre de cromañón” y declaró en una entrevista para la revista Vistazo [1]: “mujer que me gustaba la cogía del moño y me la llevaba a la cueva y me la comía”, además de haber sido acusado de abofetear en público a una funcionaria de Petroecuador . Fue entonces que la Coordinadora de Mujeres pidió la renuncia de Adum. Que el gobierno de Abdalá Bucaram no hiciera nada al respecto fue motivo de fuertes protestas. En una de ellas, se quemó un monigote para simbolizar el rechazo hacia Alfredo Adum en la Plaza de la Independencia de Quito.

Marujita y las demás mujeres del Centro de Mujeres Solanda estuvieron activamente vinculadas a estos procesos. Ya desde tiempo antes a la movilización en contra de Bucaram su trabajo en el barrio había sido muy importante. “Formamos la escuela, el colegio, el mercado y los espacios comunitarios básicos que existen ahora en Solanda. Dimos mucho de nuestra parte para mejorar las condiciones de vida de las mujeres y niños”, recuerda una de las socias fundadoras de la organización Carmen Rosero. Este grupo de mujeres desde la acción barrial tenían su perspectiva sobre la coyuntura nacional. “Nosotras pensábamos que no estaba bien llevada la dirección del país. Había mucho autoritarismo y corrupción, por eso salíamos a protestar”, coinciden. “Queríamos hacer sentir que con las mujeres no podían jugar, tomarse arbitrariamente nuestra libertad; que eso no era democracia, debíamos hacer escuchar nuestra voz”.

Y sucedió. Después de la toma del hotel, la consigna “que se vaya” era un grito que no podía ser silenciado. Carmen Rosero, Marujita García y Carlota Rodríguez comentan “No fuimos nosotras solas, se nos unieron muchas personas”, “sabíamos que íbamos a conseguirlo, el pueblo estaba cansado”. Quito abanderó esa proclama, y cuatro días más tarde, fruto de la presión en las calles, el Congreso de la época resolvió destituirlo de su cargo. El motivo que se dio fue “incapacidad mental”, y no los crímenes por peculado —como la mochila escolar y otro de gastos reservados— que habían generado el rechazo hacia la figura del expresidente Bucaram.

El fruto de la protesta: las batallas ganadas

Más tarde, ese repunte de la movilización sostenido por parte de las mujeres tuvo consecuencias en el gobierno de Fabián Alarcón, quien fue nombrado presidente por el Congreso después de la destitución de Abdalá y la renuncia forzada de la vicepresidenta Rosalía Arteaga.

Alarcón tuvo que enfrentarse al rechazo que generó su nombramiento ya que era la vicepresidenta quien debía ocupar legítimamente el puesto de Bucaram, pero apenas duró unas horas como interina. El hecho de que no se reconociera a una mujer como presidenta, a pesar de que su alianza con Bucaram no era apoyada por todas las mujeres organizadas, levantó mucha indignación entre ellas: “cuando se fue nosotras íbamos al Congreso a pedir que fuera ella la sucesora, para que se respete la Constitución”.

Hubo una destacada participación, para compensar los ataques que el gobierno de Bucaram hizo a las organizaciones sociales. Las mujeres se adhirieron a la demanda de la Conaie quienes exigían una Asamblea Constituyente y la creación de la Comisión Cívica Anticorrupción. Alarcón, dada la “amplia incidencia de las mujeres” tuvo que aceptar esas propuestas e incluir a la Coordinadora de Mujeres en las comisiones que se abrieron para responder a estas demandas, tal como cuenta Silvia Vega. En 1998, con la nueva Constitución, es donde se consiguió la mayoría de avances en derechos, “gracias a la fuerte movilización de sectores hasta entonces apartados de la esfera política, como las mujeres y los pueblos indígenas”.

Y ahora que vuelve el “loco”…

20 años después, “no ha habido conquistas tan significativas como las que se lograron en la Constituyente del 98”, analiza Silvia Vega. La institucionalización de los movimientos de mujeres debilitó la capacidad contestataria de estas. Por ejemplo, la Ley de Cuotas fue instaurada en los 90, pero alcanza su culminación con el discurso de paridad de Rafael Correa durante la última década. “Eso no hizo que la agenda de las mujeres estuviera en el centro”, dice la docente. Además, tampoco se consiguió combatir la corrupción; de hecho, en el Ecuador este es un tema central. Vega lo califica de “cáncer” que está implícito en el poder político, y que “si no hay una sociedad civil que exija que se devele a los responsables no va a cambiar”.

En esta coyuntura, vuelve Bucaram. Fue la corrupción la que le llevó al “exilio” y retorna —cuando sus crímenes ya han prescrito— en un momento en que el país está plagado de denuncias de corrupción contra funcionarios del gobierno de Rafael Correa y que ejercen funciones en el actual gobierno de Lenín Moreno. Para Silvia Vega, no ha cambiado el estilo populista y teatral con el que siempre actuó Abdalá Bucaram, y que además es el mismo que los gobiernos que vinieron después también usaron como modelo para ganarse las masas.

Que regrese impune y que su llegada sea motivo de celebración implica, según Marujita, olvidar todo lo que hizo cuando gobernaba, y también los motivos que llevaron a los colectivos de mujeres a iniciar su derrocamiento. “Esas personas que fueron a recibirle sufren de amnesia”, dice, y añade: “no deberíamos tropezar dos veces con la misma piedra”, haciendo referencia a la posibilidad que Bucaram intente hacer carrera política nuevamente.

A su lado, Carlota, se pregunta “¿a qué vendrá?”, y le cuesta creer que las 300.000 personas que estaban previstas para ir a esperarle fueran por adhesión a su gestión como presidente: “creo que mucha gente va a ir por curiosidad, a ver qué pasa”. Saben por propia experiencia la capacidad que el exmandatario tenía y tiene “para atraer a la gente con su discurso de ‘la fuerza de los pobres’ ” afirma Silvia Vega.

[1] Entrevista en la revista VISTAZO, 20 de noviembre de 1996.

Créditos:
Artículo: Alba Crespo Rubio y Belén Valencia Castro
Vídeo: Juan Manuel Ruales
Entrevistas: Jeanneth Cervantes, Alba Crespo Rubio, María Paula Granda y Belén Valencia Castro

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