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Elsie Monge en la sala de su departamento en Quito. Marzo de 2022. Foto: Karen Toro A.
| Asociación de Amigos por el Disturbio y la Inestabilidad

"El gran criminal es el Estado nacional"

Así lo expresaba Octavio Paz durante una entrevista en 1977 para la RTVE: “El gran criminal del siglo XX es el Estado, el Estado centralista que monopoliza el poder político y el poder económico”. Pero esa crítica de aparente semilla anarquista tiene como origen un planteamiento “buenista” que aplicado a la ligera sigue oliendo a deseos de dominación —como la que el mexicano ejerció sobre la escritora Elena Garro y la hija que tuvieron en común—. 

Si Michel Foucault y las lecturas críticas que de él se han hecho, no fueran suficiente para entender cómo el poder no se tiene, no se guarda ni se posee y por el contrario, siempre se ejerce, se intercambia, se mueve en un red infinita de flujos a decir de Gilles Deleuze y Felix Guattari, cabe poner como ejemplos los casos: ecuatoriano, salvadoreño, nicaragüense, turco, israelí, ruso, ucraniano, húngaro, alemán, francés, canadiense, mexicano, saudita, chino, nor y sur coreano… en fin occidente entero.

Sería sencillo y simplista proponer que como el Estado es el mayor criminal debemos atraparlo, encerrarlo, enjuiciarlo, condenarlo, que en la soledad viril de la celda otros “le hagan lo mismo” y que se “pudra en la cárcel” o directamente se le aplique la pena de muerte… y todo se solucionaría. Es decir, el planteamiento libertaradista y anarcocapitalista de moda de los tigres colombianos y los leones argentinos. Sí, esto es contra Lalo y Xavi (pero también contra Clau, Juanma, Lucho Nacho, Cris y por supuesto, Pepe).

Pero quiénes serían esos sujetos, esa masa límpida y clara que hace justicia por mano propia, que se libera de la opresión judicializando al gran criminal… Pues sería el mismo presidente de “centro izquierda” que a los 35 años de edad ofrecía en campaña electoral hacer una purga —como la de Mao Zedong— para eliminar a los burócratas del gobierno anterior o bien podría ser el barbudito metrosexual que al autoproclamarse a la edad de 42 años como presidente reelecto amenaza en televisión nacional a su propio gabinete ministerial con que si robaban o dejaban robar del erario nacional los metería presos —y así lo hizo, se lo hizo a su propio compinche de la adolescencia, googleen “Alejandro Muyshondt”. Ambos son sin duda el ejemplo del ciudadano modelo, presidentes ambos pero ante todo buenos ciudadanos. Ellos son todo menos criminales, y el Estado es el mayor criminal hasta que ellos llegaron a dirigirlo, limpiarlo, ordenarlo, administrarlo y bien gestionarlo.

Pero no, los gobernantes fascistas no son los únicos que adhieren distorsionadamente a dicha tesis, de hecho se han inventado otras: “el Estado ausente” y “el Estado que nos debería proteger”. Me refiero a esa masa, llena de pueblo y hasta con intelectuales orgánicos que se auto perciben: vanguardia progresista, oposición politizada, crítica subversiva, disidencia política, masa en crisis. Pero que en el fondo piensa lo mismo que los príncipes bananeros sobre la criminalidad estatal a secas.

Si el Estado es el criminal per se, ¿quién es la Justicia (estatal)?, ¿quién es el virtuoso modelo?, ¿quién es la víctima y quién el beneficiario de esa criminalidad abstracta?

Cierto es que en aras de las buenas intenciones enunciadas en cada proceso y campaña electoral, el Estado siempre incurre en crímenes. Y para salir de esos aprietos se han creado artilugios de magia como: uso progresivo de la fuerza, amenaza terrorista, derecho penal del enemigo, legítima defensa preventiva,  indultos, rebajas, conmutación de penas, amnistías para policías, militares y civiles que participen en operaciones contra el crimen organizado. Pero si ellos matan y matar es un crimen según su Ars Magica Civis: ¿Por qué las cárceles están llenas de gente con hambre, que entró con hambre, que se muere de hambre? ¿Querer comer es el verdadero crimen?

Y si barajamos el naipe y mejor nombramos al Estado como virtuoso, productor, obturador del poder político y descentralizador y reterritorializador del poder económico. Si en vez de pensar en el Estado como un villano —que habrá que recordar lo que la Católica Iglesia le hizo a los habitantes de las villas en la Edad Media europea—, lo ponemos en la palestra como un educador, civilizador, refinado, hidalgo y recto señor. Así se nos ofrecen otras aristas para el análisis, se dilucida un punto de fuga para no terminar defendiendo el fortalecimiento estatal tras el cierre y fusión de ministerios y el despido masivo de funcionarios públicos. Si el Estado no es un criminal y más bien es el Buen Padre que nos educa, encarrilla, castiga y produce, cabría empezar a ponerse en la piel de Porcis y Caribea, las serpientes que en alianza con los hermanos Antifantes y Timbreo matarían a su amado padre Laocoonte. Matar al padre, ser parricidas como La Bufanda del Sol.

El Estado no es “el criminal”, ese lugar de acción le corresponde a las personas “vagas y maleantes” llenas de peligrosidad social, a las contra ciudadanas, a las personas ilegibles, indocumentadas, a las que no quieren ser “más humanas, humanistas, ni humanitarias” para su propia liberación porque no quieren ser gobernadas o por lo menos no tan gobernadas. Si deseáramos ser más así y menos como los mandantes sería un poco más claro saber cómo va a avanzar esta guerra llamada: Ecuador.

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Autoras

Asociación de Amigos por el Disturbio y la Inestabilidad

Una organización de ex-ciudadanos fundada en 1985 que vela por los valores materiales del desorden y la ironía en esta cárcel de cristal.