| Organización de familiares de Personas privadas de la libertad – Ecuador
Carta Colectiva de los Privados de Libertad
Esta carta fue leída públicamente durante el plantón "Contra la tortura y el abandono en los Centro de Privación de la libertad" convocado por la Organización de familiares de personas privadas de libertad el lunes 22 de diciembre en la Plaza de la Independencia al pie de la sede del gobierno nacional en el centro histórico de Quito.
A nuestras familias, a la sociedad y al Estado,
Con el corazón en la mano y la humildad de quien ha visto la vida desde su lado más oscuro, nos dirigimos a ustedes. No somos solo un número, ni una estadística de condena. Somos seres humanos, con historias, con heridas, con anhelos. Aquí, entre estos muros, la vida nos volvió familia. Compartimos el dolor, la añoranza y, sobre todo, una esperanza que se sostiene a pulso.
Somos padres que sueñan con abrazar a sus hijos y guiarlos por buen camino. Somos hijos que añoramos el consuelo de nuestros padres y la posibilidad de cuidarlos en su vejez. Somos hermanos, amigos, vecinos que extrañamos la simpleza de un saludo, de una mesa compartida. Cometimos errores, sí. Algunos graves, otros nacidos de la desesperación más profunda. Pero en nuestro interior late el firme deseo de aprender, de enmendar, de construir.
Pedimos una oportunidad para reintegrarnos. Queremos trabajar con dignidad, estudiar para ser mejores, contribuir positivamente. Creemos que la esencia de la humanidad es la capacidad de rectificar y crecer. ¿Acaso no merecemos esa posibilidad?
Pero esta petición nace de un lugar de profunda injusticia y dolor que no puede ser silenciado:
- Entre nosotros hay hermanos condenados a sentencias excesivas por abogados inescrupulosos que se aprovecharon de su pobreza, robándoles hasta lo último.
- Hay inocentes, víctimas de fallos judiciales erróneos, que cargan una condena que no les pertenece.
- Hay almas destrozadas que, en un accidente trágico e involuntario, arrebataron una vida y ahora cargan no solo con la pena legal, sino con un sufrimiento y un daño psicológico que los acompaña cada día.
- Hay enfermos con dolencias catastróficas que soportan dolor diario porque los policlínicos no tienen medicamentos. Hemos visto partir a compañeros a causa de la tuberculosis, una enfermedad tratable, por la indiferencia.
- Hay padres y madres que, en un acto de desesperación por llevar un pan a sus hijos, cruzaron una línea y cayeron aquí, y algunos no salieron vivos, sin haber cumplido su condena.
- Hay víctimas de persecución política, para quienes estos muros son una extensión de la injusticia, y que han sufrido el abuso de poder hasta con su propia vida.
Nos dirigimos al Estado: Pedimos acceso real a programas de educación, trabajo y rehabilitación genuina. Pedimos ser tratados con la dignidad que toda persona merece, sin importar su pasado. Pedimos justicia para los casos de inocencia y para quienes han sido víctimas de negligencia o abuso dentro del sistema.
Nos dirigimos a la sociedad: Les pedimos que no nos vean solo a través de nuestros peores momentos. Les pedimos que permitan que nuestros esfuerzos por cambiar encuentren una puerta abierta, una mirada que crea en la redención.
Nos dirigimos a nuestras familias: Ustedes son nuestro ancla. Su amor, a través de las rejas, es el combustible de nuestra transformación. Les prometemos no claudicar en el intento de volver a ustedes como la persona que merecen tener a su lado.
Esta no es solo una carta de petición. Es un grito silencioso que sale desde el alma de quienes, a pesar de todo, creemos que podemos ser parte de la solución. Creemos en el perdón, en la rehabilitación y en el poder restaurador de una segunda oportunidad.
Denos, por favor, la oportunidad de demostrarlo.
Con esperanza, arrepentimiento y un profundo anhelo de paz,
Los que, desde el encierro, anhelan volver a la luz.
Autoras