Esta carta fue leída públicamente durante el plantón "Contra la tortura y el abandono en los Centro de Privación de la libertad" convocado por la Organización de familiares de personas privadas de libertad el lunes 22 de diciembre en la Plaza de la Independencia al pie de la sede del gobierno nacional en el centro histórico de Quito.
Hijo mío,
Desde el día en que te alejaron de mis brazos, el tiempo dejó de caminar normal para mí. Cada amanecer pesa, cada noche duele, y tu ausencia se sienta a la mesa conmigo. No hay día en que no le hable a Dios de ti, no hay lágrima que no lleve tu nombre.
No sé qué fue más duro: verte partir o aprender a vivir sin tu voz cerca. Pero aunque los muros te rodeen, mi amor no conoce rejas. Aquí afuera sigo siendo tu madre, firme, esperando, creyendo en el hombre que sé que eres.
Hijo, no estás solo. Mi corazón entra contigo a ese lugar todos los días y saldrá contigo cuando llegue tu libertad. Hasta entonces, resiste, levántate y no pierdas la fe. Tu madre te espera.
Con todo mi amor.
Autoras