MANIFIESTO EDITORIAL


MANIFIESTO EDITORIAL

¿Tiene un minuto para hablar del Orgullo?

 

Frente a la enfermedad, el cuidado.

Frente al calabozo, la libertad.

Frente a la vergüenza, el orgullo.

Frente al olvido, la memoria.

Frente a la muerte, la justicia.

Frente al miedo, la autodefensa.

Frente al dolor, el autocuidado y sanación.

Frente a la doctrina del shock, organización y resistencia.

 

Hoy asistimos a un evento que trastoca la vida, personal y colectiva, con una pandemia que ha puesto en evidencia lo más perverso del sistema actual, mostrándonos una realidad que se vuelve innegable: somos para el sistema cuerpos desechables, vidas reemplazables.

Hace casi un año, los territorios de América Latina y el Caribe incendiaban los vestigios de un orden mundial de muerte, capitalista, colonialista y patriarcal obsoleto, asfixiante. Con levantamientos indígenas, estallidos sociales, paros nacionales desde distintos sectores; pudimos vivir, crear y creer que en la diversidad de nuestras resistencias finalmente era posible transformar este sistema de desigualdad, empobrecimiento y violencia.

La doctrina necropolítica que define cómo debemos vivir y cómo morir, no es nueva. La falta de compromiso de los estados, de formulación y garantía de políticas públicas que precautelen la vida y la salud de las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans… ha resultado en que desde los 80 el VIH-Sida se haya llevado –y se siga llevando– a muchas vidas estigmatizadas por ser de la comunidad LGBTIQ+, como lo hace hoy la Covid-19, mostrando en su arremetida que hay vidas, cuerpos y territorios que no importan para los estados e incluso para la sociedad. Honramos la memoria de quienes han muerto resultado de la pandemia, de sus familias y de los y las trabajadoras de la salud que han acompañado sus partidas desde el cuidado.  Así como también honramos a quienes han muerto resultado del odio y la violencia.

Ahora, que una “nueva normalidad” es instalada a la fuerza, donde la imposibilidad de tener contacto físico, comunidad y organización nos obliga a replantearnos la vida y cómo hacerla digna, a modificar nuestras resistencias, incluso aquellas que brotan de los medios de comunicación –tanto tradicionales como independientes– es urgente pensar: ¿Qué es ser marica, lesbiana, trava, no binarie, diversa, diferente? ¿Cuál es el lugar de nuestras disidencias/resistencias en un mundo que actualiza sus formas de opresión? Históricamente, las vidas indígenas, negras, de las mujeres subalternas no han importado y tampoco las nuestras, aún nos matan y nos violan, por ser lxs otrxs, lxs diferentes. Nos niegan el derecho a la educación, al trabajo, a la salud, a ser y desear libres, a una vida digna.

Hace 51 años, las calles de Nueva York se incendiaron. La revuelta de Stonewall hizo historia desde la periferia, desde la disidencia, un sábado 28 de junio de 1969. Decenas desataron su ira e indignación frente a los atropellos recibidos de forma sistemática por la policía de esa ciudad. “En algún lugar sobre el arcoíris” lesbianas, maricas y travestis decidieron amotinarse por sus derechos. Fueron tres días de manifestaciones, coches quemados, más de 100 agentes y fuerzas antidisturbios, centenares de detenidxs y heridxs.

En 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría excluyó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Mientras tanto en Ecuador, la madrugada del sábado 14 de junio de 1997, fueron las travestis del reinado gay que se celebró en el “Abanicos Bar”, en la ciudad de Cuenca, quienes vieron la violencia policial ante sus ojos. Cinco meses después, el 27 de noviembre de 1998, las sobrevivientes de la represión y persecución estatal, junto a otros sectores sociales, lograron despenalizar la homosexualidad. Así, hace 22 años, ser diferente y amar desde la diferencia dejó de ser un delito para el Código Penal Ecuatoriano.

Hacemos un llamado a conmemorar esta fecha en la que recordamos las revueltas de Stonewall como una llama encendida que no se apagará hasta que todo este orden de control, opresión, injusticia y despojo ardan y caigan.

Aún, sin justicia, existe el orgullo. Nos arrojaron a un abismo, el de la vergüenza, pero renacimos orgullosxs. Porque el orgullo va de vernos, de importarnos, va de mantener la mirada y extender el calor de un abrazo, va de amar nuestros cuerpos. Estamos orgullosxs de resistir frente al agotamiento.

Que esa llama encienda nuestros corazones de pieles multicolores, aullamos juntxs para danzar frente a este akelarre, hacemos un llamado a todxs lxs guerrerxs arcoíris, a reinvindicar un horizonte común como una práctica revolucionaria para mantenernos juntxs, hasta que nuestras vidas importen, ¡hasta que la dignidad se haga costumbre!

¡Putas, maracas, tortas, cholas, travas y periodistas!

La Periódica