Un día más de trabajo

1ero de Mayo en Quito, Ecuador.


Fotografía: Meche Crespo

El Día del Trabajado, como fecha reivindicativa de los derechos laborales, suena lejano en un país donde la tasa de empleo digno corresponde a un tercio de la población económicamente activa, únicamente el 37,9% de personas mayores de 15 años trabaja en condiciones que garantizan sus derechos [1].

Pero esta cifra –que ya es alarmante– también encubre un sistema de desigualdad con las mujeres, pues de cada 100 hombres que trabajan, 44 lo hacen en condiciones de empleo digno, en contraposición, solo el 30% de mujeres trabaja en las mismas condiciones. ¡La diferencia es de 14 puntos! [2]

¿Dónde están esas otras mujeres a las que se les niega los mismos derechos laborales? El sentido común –machista y patriarcal– dirá que “están en casa”. Y eso suena a que no trabajan. Pero la realidad es compleja, seguramente, algunas estarán en casa, pero trabajando. Y también trabajan fuera de ella, en las calles, de forma ambulante. Y lo han hecho siempre.

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María, Rosa y su sobrina salieron como cada Primero de Mayo con su carrito de chochos. Fotografía: Meche Crespo.

En realidad, las mujeres viven doble y triple jornada de explotación, sosteniendo la vida y la reproducción del mundo entero. Pues son madres, campesinas, trabajadoras del hogar, universitarias, artistas callejeras, proletarias, lideresas y defensoras de la naturaleza, entre otras; pero sobre todo, son mujeres.

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Dirigentas sindicales, estudiantes y trabajadoras populares elevaron consignas, manifiestos y carteles para reivindicar la lucha sindical. Fotografía: Meche Crespo.

Durante la movilización se hacen presentes rostros que en la cotidianidad pasan desapercibidos.

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Las canillitas son las mujeres que a viva voz se encargan de la venta de la prensa escrita, diariamente. Fotografía: Meche Crespo.

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Las niñas y adolescentes también están presentes en la venta ambulante.
Según la primera Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (2012), el 60,4% de las niñas y adolescentes que trabajan, lo hace por ayudar económicamente a su hogar. ´[3]Fotografía: Meche Crespo.

Aquí se recogen palabras llenas de indignación y alegre rebeldía. Son siete mujeres diversas, todas comerciantes ambulantes, algunas migrantes, que toman protagonismo en nombre de todas las que no pueden sumarse a la movilización, que pasan desapercibidas en la calles porque esa es su oficina, su fábrica y su hogar. Por las invisibles, por las trabajadoras.

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Marisol vende “habitas cocinadas” y la tradicional, agua de horchata.
Fotografía: Meche Crespo.

Marisol Chicaisa (39 años).

“El Primero de Mayo, para mí, significa un día más de trabajo. Porque nosotras como somos vendedoras ambulantes, se dé o no la marcha, tenemos que salir a la calle. Aún con el miedo de que nos quiten los helados. Pero si no vendemos, ¿qué comemos? Si yo decidiera no salir un día, perdería dinero que es para mis hijos, para el pago del agua, la luz.

Yo les digo a mis compañeras trabajadoras que hay que seguir adelante. Acordándose que el alcalde anterior no dejaba vender. Y aun así, hay que salir a luchar.”

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Nelly ofrece gafas y lentes de sol en distintos colores y precios. Protege su rostro con un delgado sombrero plástico. Fotografía: Meche Crespo.

Nelly (32 años)

“Para nosotras no hay el día del trabajador, no podemos descansar. Siempre, como madres, debemos esforzarnos y salir a vender.

Yo trabajo desde que me casé con mi esposo, a los 17 años, antes yo estudiaba, pero cuando me hice de hogar tuve que abandonar los estudios.”

Nirma Miño (44 años)

“Así como estamos, en esta economía tan fatal, es necesario salir a trabajar siempre. Y en este Día del Trabajador deberíamos estar descansando, pero no se puede. Más que sea para la comida de mis hijos.. Si solo me quedaba en la casa no sacaba nada de dinero.

Pero eso sí, a mí me toca dejar haciendo todo en mi casa, aunque nadie me pague. Es como si fuera una obligación. Yo digo que todas las madres de familia con hijos, somos amas de casa sin sueldo. Y lo digo yo, ahora que tengo 44 años porque he trabajo desde mis ocho añitos.

A todas las mujeres luchadoras que salimos a la calle a emprender, que somos vendedoras autónomas, les quiero decir que sigamos adelante, que no es necesario estar con un hombre a lado para sobrevivir. Debemos seguir al frente porque uno ama a sus hijos, con todo el corazón”.

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Narcisa recibe con amabilidad a quienes transitan frente a su puesto de fritada, hornado y cuerito durante la movilización del Primero de Mayo en las calles de Quito. Fotografía: Meche Crespo.

Narcisa Vilema (49 años)

“Elé, yo estoy aquí en mi puestito trabajando porque ya mandé mi reemplazo a marchar ja, ja, ja. El Día del Trabajador, para nosotras, es no tener ningún descanso porque toca seguir luchando para comer y sobrevivir.

Hay veces que la Policía Metropolitana no nos deja vender, aún cuando tenemos todos los papeles en regla, como dice la ordenanza municipal. Quizá por esta vez, ser el Primero de Mayo y como toda la vida hemos salido, no nos han dicho nada.
Yo tengo 49 años y trabajo siquiera unos 25 años, vendiendo en la calles, aguantando el sol y chupando las aguas.

Uno, aparte del negocio, también se trabaja en la casa, porque somos empleadas pero sin sueldo. Yo soy doble trabajadora, mamá y papá me dicen, ja, ja, ja.

Yo les quiero dar un fuerte abrazo a mis compañeras y desearles un feliz Día del Trabajo para que nunca nos sintamos derrotadas por llevar el sustento diario a nuestros hogares.”

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Yailin está cubierta, de pies a cabeza, por el color principal de una marca de bebidas energizantes. Fotografía: Meche Crespo.

Yailin Ortúa (36 años)

“Yo no puedo celebrar mi Día del Trabajo, porque si no trabajamos, no comemos, no podemos pagar arriendo.

Buscar trabajo en un país donde yo no nací es muy fuerte, no porque no haya oferta laboral o yo no tenga la capacidad, el detalle son los papeles, la regularización.

Yo creo que las mujeres trabajamos en la casa y en todos lados. Yo por ejemplo, dejé ya adelantado el almuerzo, porque tengo tres niños que aun cuando están con su papá, debo dejar haciendo todo. Y eso que hago en la casa no se valora, porque igual, terminando la jornada llego a casa y sigo.

En mi país, yo soy banquera, pasé 12 años ejerciendo esa profesión. Tranquila, sentada en una oficina y mírame hoy, con orgullo sí, pero vendiendo en la calle. Lo que si no aguanto, es el acoso. Aquí pasan los hombres, sacándole fotos a uno, diciéndole tonterías. Lo que me queda es ignorarlos. Pero me molesta mucho.
Para un hombre trabajar en la calle no es igual que para nosotras.

Yo les quiero decir a ustedes mujeres que sigan en pie de lucha, nunca se den por vencidas. Aunque digan que ser mujeres, es ser el sexo débil. No, somos mucho más que eso, somos muy fuertes. Y por algo estoy aquí parada. Por favor, nunca pierdan el horizonte, pa´ lante”.

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Martha y Anais, mujeres venezolanas trabajan juntas en una heladería ubicada en la calle Guayaquil, centro histórico de la ciudad de Quito. Fotografía: Meche Crespo.

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Caletsi y Shania, forman otra dupla venezolana que ofrece helados a quienes marchan el Primero de Mayo. Ambas anhelan regresar a Venezuela. Fotografía: Meche Crespo.

Caletsi Barrios (32 años)

“Para mí es muy malo estar trabajando el 1 de mayo, porque en Venezuela te lo dan libre. Para quienes hemos migrado es muy difícil conseguir trabajo, más si eres ilegal. Y cuando lo consigues te quieren pagar lo que les da la gana, no lo justo. No respetan los derechos que le corresponde a la persona, si no, lo que les conviene a los empleadores.

Yo, si no salía a trabajar hoy y me quedaba con mi familia, perdía entre USD 8 y USD 10. Eso vale un día de trabajo para nosotras. A mí me de tristeza recordar que en Venezuela yo trabajaba en un colegio para niñez autista en el área administrativa. En unos meses quiero ingresar a la educación ecuatoriana”.

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Mujeres artistas decidieron tomarse la calle para evidenciar la falta de garantías de las trabajadoras del arte. Fotografía: Meche Crespo.

Para quienes sí pudieron movilizarse este Primero de Mayo, aún sin poseer trabajo digno, el uso de la calle como espacio de manifestación, tomó otro tinte. Llevaban a cuestas varias escobas, de madera, de plástico, las de pelito de coco, todas como armas de defensa tradicional ante la violencia en las casas, los barrios, las calles… Afirmaban que el trabajo no remunerado del hogar es la más evidente explotación que les cae a las mujeres, hayan decidido ser o no, madres.

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Mujeres por el cambio se auto convocaron este #1Mayo para exigir que el Gobierno haga pública la carta de intención que firmó con el Fondo Monetario Internacional. Fotografía: Meche Crespo.

Estas son las mujeres que reivindican la memoria, los nombres y las vidas de sus hermanas asesinadas por la violencia machista, exigen reparación integral para las miles de niñas que han sido víctimas de violencia sexual y que fueron obligadas a parir, convirtiéndolas en madres. Se disputan el derecho a trabajar en ambientes libres del acoso sexual porque se nombran saltadoras de la brecha salarial, terroristas de los techos de cristal y de los pisos de fango, imágenes comunes en las discusiones sobre economía feminista.

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Mujeres diversas y la Plataforma Vivas Nos Queremos se manifestaron por el reconocimiento social del Trabajo No Remunerado del Hogar.Fotografía: Meche Crespo.

Aquí siempre faltarán las voces de: las trabajadoras sexuales, las travestis, las trans, las mujeres lesbianas, las mujeres con discapacidad, las que viven esclavitud, las niñas que viven explotación laboral, las desaparecidas y las asesinadas por la violencia machista.

Que unas cuantas mujeres tomen la palabra abre el camino para que otras también lo hagan.

[1] “Encuesta Nacional De Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU). Indicadores Laborales Marzo 2019.
[2] Idem
[3] http://www.ecuadorencifras.gob.ec/trabajo-infantil/

Última modificación: 6 de agosto de 2019 a las 00:34

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