Soy lesbiana porque quiero y puedo

El retrato de dos mujeres que no tienen miedo de amar y de ser quienes son.


Fotografía Anais Córdova-Páez

Estefanía Alejandra Vaca Guerrero, tiene 31 años, y autogestiona su vida entre vender jugos de naranja, ser mesera en banquetes los fines de semana y uno que otro trabajo más. Nos cuenta que ella es “lesbiana porque quiere y puede” y que fue más fácil contarle a su madre sobre su orientación sexual pues su madre es lesbiana.

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“Lesbiana es una palabra científica, refinada. En el campo popular, en el barrio, lo que escuchas vos es palabras como: tortillera, marimacha. Cuando salí del 'closet’ fue un poco difícil porque mi mamá no se imaginaba que su hija era lesbiana; ahora nos contamos nuestras intimidades y nos cagamos de risa.”

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Alejandra junto a su madre.

Alejandra, cuenta que su madre tenía un amor platónico a los 16 años, una mujer de Manabí, “que no le hizo caso”, y que años más tarde se volvieron a encontrar; es entonces cuando ella le presentó a su hija, Geovanna, quien fue la primera relación “seria” de Alejandra.

“Cuando ella llegó yo me sorprendí, nos quedamos viendo y como que ¡wow! así como que flechazo. Ella era la novia del barman. Ella me contaba que se iba a casar con el man el día de su cumpleaños. Tenía una relación de 4 años. Yo solo le quedaba viendo de lejos así no más, hasta que una vez ella me insistió que le diga quién era mi novio, entonces yo le dije: loca, ¿cambiaría algo si yo te dijera que no es novio, que es novia? Entonces ella me quedo viendo y me dijo: no. Desde allí ya no fueron las cosas iguales, la man dejo su novio, y estuvimos en una relación.”

“Cuando las dos estuvimos en una relación yo entraba a su casa y ella a la mía, porque era la hija de la amiga de mi madre, entonces tenía entrada libre. Hace unos 9 años me fui a Guayaquil, entonces deje unos panfletos, las volantes guardados en el colchón. Mi mamá no sabía que era lesbiana, cuando me voy de viaje y hecha la que arregla levanta todo y se encuentra con mis folletos y panfletos. Cuando regrese ella me dijo: ¿me vas a decir que eres vos? ¿eres también lesbiana? ¿Qué pasa con la Geovanna? Con lágrimas en los ojos, asustada le dije. Dos meses después el proceso ya fluyó y las cosas se dieron de una mejor manera. Y bueno, si confieso que el tema de que mi madre fue primero lesbiana que yo, ayudó porque de alguna manera ella se sintió identificada conmigo. Ella pasó una vida muy turra, muy difícil.”

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Ruth Mercedes Flores Gonzáles, tiene 39 años, trabaja en un local de libros jurídicos en Quito. En el local hay acogida sin discriminación, se venden productos de amigas que necesitan trabajo y a la hora del almuerzo se juntan amigos y amigas a cocinar, se apoyan mutuamente. Con una sonrisa y seriedad al mismo tiempo Ruth nos cuenta: “para mí el amor entre mujeres es más sincero.”

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Cuando Ruth tenia 23 años les dijo a sus padres y sus 4 hermanas que era lesbiana. El proceso para ella fue complicado. Nos cuenta que tuvo problemas familiares por asumir su identidad. “Mi papá explotó dijo ¡que cómo es posible que yo sea así! Yo le dije que no es nada, que no es ninguna enfermedad, que no se preocupe, pero mi papá me dijo que él puso malos genes, o que hizo algo en su juventud mal, él se echaba la culpa. Entonces le dije que ser lesbiana no es ser drogadicta o ser una persona enferma, que yo ya llevaba muchos años de esto. Entonces me llevaron a un psicólogo.”

“Me llevaron diciendo que soy alcohólica, allí aprovecharon para explicar que pasaba, yo prácticamente traté que el mismo psicólogo me ayude, y él se portó bien, súper chévere. Él me decía que sabía que no era una enfermedad y que tratemos el tema con mis papis. Mi papá iba a las reuniones cada martes conmigo, él era profesor y mi madre costurera. Ahora están jubilados. Después empezó a tratarnos una psicóloga, ella me ayudaba a seguir con el proceso, me decía: ‘quiero que me cuentes como hacen las relaciones las lesbianas y yo te juro que te ayudo y le digo a tu papá que se te quitó el problema’. Yo le dije que eso no era lo que quería que diga. Yo quería que él comprenda como soy, no quiero que mi papá me diga que soy una lesbiana enferma, quiero que sepa que voy a seguir siendo lesbiana, que esto no se me va a quitar.”

Ruth cuenta que la psicóloga y el tiempo fueron la razón para que su familia la acepte como es. “Desde allí yo tuve un logro bien bonito. Mis padres comenzaron a entenderme. Fuimos de nuevo una familia, porque era desesperante tener una pareja y no compartir con tu familia. Han pasado muchos años, ahora mis padres aceptan a mi pareja, ahora, se llevan muy bien, y ya pues, tenemos una relación de familia.”

“Al principio pensaba que no había nadie más como yo” comenta Ruth hasta que conoció la primera discoteca exclusiva para la comunidad LGBTI: El Hueco. “Ahora somos más liberales, en Ecuador todo el mundo era tapiñado, ahora yo veo que ya nos identificamos, algunas tenemos pelo corto, otras pelo largo, distintos modos de vestir y nos identificamos como lesbianas eso ayuda a que más chicas lesbianas salgan del closet.”

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Última modificación: 16 de agosto de 2017 a las 00:20

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