Sodomía desde las cenizas

Entrevista a Diego Falconí Trávez


Fotografía tomada de facebook

Diego Falconí visitó Ecuador a propósito del lanzamiento de su libro De las cenizas al texto. Literaturas andinas de las disidencias sexuales en el siglo XX, galardonado con el premio Casa de las Américas.

La gente está a punto de entrar a una de las discotecas gay más emblemáticas de Quito, la Tercer Milenio, o más conocida como “El Hueco”. Hemos pedido el espacio para que este sea el lugar en donde entrevistemos a Diego Falconí Trávez. Días antes a este encuentro, este mismo sitio fue testigo del lanzamiento de su libro: De las cenizas al texto. Literaturas andinas de las disidencias sexuales en el siglo XX, obra gracias a la que ganó el Premio Casa de Las Américas 2016 al Mejor Ensayo de Tema Artístico-literario.

Una cola de gente aguarda en la entrada, las luces dentro de la discoteca están encendidas. Por el lugar, más de uno ha pasado como parte de un proceso iniciático de reconocimiento de la identidad gay. Cada una de sus paredes cuenta historias distintas. En este caso, como parte de su historia estará plasmada la ceniza como forma de reconocimiento y disidencia. La ceniza a la que hace referencia Diego Falconí Trávez en su obra.

Diego Falconí se define a sí mismo como un académico, marica, feminista, decolonial. Su lugar de enunciación tiene que ver con su experiencia corporal. El Derecho y los derechos humanos lo llevaron a empoderarse de las opresiones del cuerpo. La literatura, como acto comunicativo, lo llevó a explorar esos límites y posibilidades del cuerpo “que se ven muy bien los personajes literarios”, afirma.

Llega a la izquierda a través de la Teología de la Liberación. Menciona, que sale de su zona de confort y llega a crear varias agrupaciones políticas, entre ellas el movimiento Ruptura de los 25. Desde la disidencia sexual pudo articular procesos políticos y luchas por su cuerpo marica en Ecuador y, posteriormente un cuerpo migrante ecuatoriano en España, su actual país de residencia.

Pelear por un cuerpo marica en Ecuador

“Yo crecí con la norma de penalización de los actos homo-eróticos” [1] , comenta Diego. Además, reflexiona sobre el modo en el que la construcción gay le sirvió para articularse como sujeto dentro de la violencia colonial, respecto a las contracciones identitarias. Pero al tiempo reconoce lo limitante de esta identificación. Hoy no se identifica como gay, o se identifica estratégicamente como gay para quien no comprende lo que es ser marica se identifica como marica, pues cree que es una construcción menos aséptica y más compleja. “Yo nací en una época marica y tengo que afrontar el ser marica”.

Para Diego, “lo más importante para confrontar la homofobia internalizada que existe, es salir del clóset sin clemencia, salir del clóset a patadas. Hubo un momento en que mi madre me decía ‘no le digas a tus tías, a tus hermanos, a tu papá’, y fue bastante interesante porque yo salí del clóset, pero quien entró allí fue mi madre. El clóset es una institución que se va transportando cuerpo a cuerpo. Luego mi madre, cuando contó a sus amigas, ellas entraron al clóset, porque es un secreto que no se tiene que decir…”.

En su caso, menciona que “fue en el momento en que decidí construir mi subjetividad, tratando de cuidarme a mi primero porque somos sujetos descuidados por la sociedad. Si uno tiene que pelearse momentáneamente con algunos amigos o familiares, es totalmente necesario”.

La disidencia sexual

Para Diego, es necesario partir de la disidencia sexual como un modo de desacuerdo social, “somos seres sociales que buscamos siempre estar en comunidad y la comunidad como todo tiene que cuestionarse (…) y me parece que la disidencia es una suerte de desacuerdo con la comunidad”, dice. La posibilidad de hacer comunidad es estratégica si es que está en desacuerdo en cómo construimos la sociedad y las ideologías dentro de ella. Desde la disidencia, incluso se puede cuestionar a las comunidades gay o lesbianas que pueden tender a reproducir actitudes heteronormadas. Según Diego, pensar en disidencia es pensar en nuevas formas de articulación de la sociedad. “Sin disidencia no hay cambio y sin disidencia no hay posibilidad de pedir nuevos derechos”.

Afirma que la academia es un espacio privilegiado, no debería ser solamente un elitismo, sino un sitio de disputa política y de construcción personal.

Hablar desde lo andino y desde la ceniza

¿Por qué ir de la ceniza y después al texto? Diego comenta la importancia que ha tenido el trabajo de recuperar la ceniza como una forma de remoldear los cuerpos. “Yo parto de la ceniza porque los cuerpos sodomitas prehispánicos fueron carbonizados, como me falta parte de ese relato, a mí me llega un relato de ausencia que trato de algún modo de ensamblar. Al mismo tiempo, pienso que la ceniza como remanente y como despojo del cuerpo, puede convertirse también en barro que puede servir para remoldear los cuerpos. Ceniza es una palabra que agrupa muy bien la presencia y la ausencia que, al mismo tiempo en el siglo XXI, nos obliga a pensar las deudas históricas que tenemos con ciertos grupos. A mí, por ejemplo, cuando crecía se me habló siempre del genocidio que existió en las comunidades indígenas cuando llegaron los españoles, pero nunca se me dijo que hubo un genocidio sodomita, un genocidio marica.”

Para Diego, las construcciones andinas son resistentes y los estudios andinos pueden llegar a ser muy contradictorios. Al cuestionarse la nación y otras formas de ciudadanía, se puede partir de las disidencias sexuales más allá de un nacionalismo o una geopolítica. Por ejemplo, hablar de la sodomía puede ser una manera interesante de los estudios de género y decoloniales, a fin de resignificar las sexualidades, afirma.

Existe una serie de colonizaciones, Diego menciona que, dentro de su investigación, al formarse los estados, se decía que la prostitución era un “vicio” que venía de Europa. Sin embargo, también menciona que en las crónicas de Indias se relatan prácticas de indígenas sodomitas. Los cuerpos sodomitas eran carbonizados, la ceniza de estos puede convertirse en barro, y así moldear nuevas construcciones desde la disidencia sexual, propone.

“… ¡Oh madre ceniza! o ¡santo ekeko! protejan a las discotecas de recibir y replicar violencia, protejan a la gente de los Andes de nuevas formas de heteropatriarcado, racismo y colonialidad. Amparen a la juventud marica, a la niñez boyera, a la adultez arroz con chancho, a la adolescencia varón ashley, a la madurez que se le moja la canoa, a la vida en tunda, a esa a la que a menudo se le quiebra la manito. Amén.” [2]

[1]Hasta noviembre de 1997 la homosexualidad era penalizada en Ecuador.
[2] Fragmento de la acción perfomática de Diego Falconí Trávez durante la presentación de su libro en Quito.

Autoras

Entrevista y texto: Jeanneth Cervantes Pesantes
Vídeo: Juan Manuel Ruales y Carla Larrea Sánchez
Apoyo: Samantha Garrido Arce

Última modificación: 24 de julio de 2017 a las 18:11

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