Sara Acosta

Sara Acosta, profesora de expresión corporal en un colegio.


Fotografía: Juan Manuel Ruales

“He decidido ocultar que soy lesbiana en ciertos entornos, como en el trabajo, en el que hablar de este tema suscita comentarios homófobos y machistas”. Sara Acosta, profesora de expresión corporal en un colegio, habla de cómo, a pesar de que no siente haber vivido una represión acerca de su homosexualidad, se encuentra más segura renunciando a esa parte de ella en determinados momentos. “Una de mis jefas que se enteró, siempre me lanzaba indirectas y lo mencionaba de forma muy grosera, llegué a tener la sensación que no era bien recibida”, explica sobre su anterior trabajo. Por eso, “cuando me encuentro en ambientes así, prefiero mantener al margen mi vida personal”.

Ella le quita importancia a esto, dice que sí ha tenido vivencias “un poco” negativas, pero considera que tiene suerte porque no han sido “muy fuertes”. Lo dice pensando en las personas que más de 20 años atrás eran tratados como criminales por ser homosexuales: “no me puedo imaginar lo que era vivir totalmente encerrado, con miedo, para mí eso no es vida”. Ante ellas “se quita el sombrero”, por el aporte que hicieron a la lucha que, para ella, todavía sigue y es constante, porque a pesar de haber avanzado, hay muchas cosas que todavía persisten. “Nos hemos visibilizado y se ha conseguido que mucha gente despierte, pero hay tantos esquemas por romper…”, reflexiona.

Sara sabe que aún falta trabajo para que “podamos vivir en un lugar de armonía, sin discriminación, que haya una aceptación a la diversidad y la inclusión”; pero no duda en que se puede conseguir y que su herramienta es la educación. Como profesora de niñxs pequeñxs está convencida de que es muy importante intervenir en esa fase, acompañar el crecimiento sin incorporar las costumbres y tradiciones homofóbicas. En sus palabras, “hace falta la deconstrucción de la sociedad para que surjan visiones más amplias del conocimiento”.

Su propia experiencia le demuestra que sí puede ser así, porque creció en una familia donde ser homosexual no era un tabú, sino algo normal y posible; nunca la rechazaron o cuestionaron por su manera de ser y de amar. Eso hizo que fuera “totalmente natural que no haya prejuicios sobre lo que está bien o está mal”, y le hizo estar segura de quién era cuando compartió con ellxs, sin miedo, que era lesbiana y cuando les contó que estaba enamorada de una mujer.

El “salir del clóset”, para Sara, fue un proceso “natural y orgánico”, una decisión que en realidad era más un “trabajo de introspección, de entender qué estaba pasando”. Ella lo recuerda como algo “súper lindo”, como debería ser cualquier proceso vital, sin importar las preferencias afectivo sexuales, de respeto y acompañamiento por parte de las personas de su entorno.

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Última modificación: 17 de noviembre de 2017 a las 20:30

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