Otra mirada de la maternidad

Entrevista a Ana Álvarez Errecalde


Fotografías serie Ana Álvarez Errecalde

Ana Álvarez-Errecalde nació en Bahía Blanca, Argentina, y ha vivido en ciudades como Buenos Aires y Nueva York; actualmente reside y trabaja en Barcelona. Desde chica sintió interés por el arte , impulsada por sus padres, primero estudió cinematografía en Buenos Aires, interesada en el mundo del cine documental. Su carrera como fotógrafa comenzó cuando dio a luz a su primer hijo, un niño con discapacidad que, según sus propias palabras, la inspiró a convertirse en artista.

“La fotografía surge del nacimiento de mi primer hijo, suelo decir que me convertí en artista cuando me convertí en madre, porque las dificultades que mi hijo trajo, hacen difícil el trabajo en equipo y también la maternidad en general; tiende a aislarnos en esta sociedad, sobre todo la maternidad de un hijo con discapacidad. Tu historia es diferente a las de otras madres, y esos espacios me hacían ver todo lo que mi hijo no es capaz de hacer y era muy doloroso. Entonces me agarré de la fotografía como medida de salvación, porque enfocarme en su belleza era una forma de ver lo que sí era, era el mismo niño que antes de recibir un diagnóstico y, de cierta manera, encontré el poder catártico que tiene el arte”, aseguró.

Varias de sus obras surgen de su experiencia como madre, y luego se entretejen con otros temas como el consumismo, la muerte, y las relaciones familiares.

Ana visitó Ecuador en marzo de este año como invitada al encuentro Marea, organizado por Maternidad en Red, y enfocado en las nuevas formas de ejercer la maternidad y la paternidad, así como el parto respetado y la importancia de tejer redes de apoyo entre madres. Nos reunimos una mañana en un hotel de Quito para hablar de su práctica artística, sus fuentes de inspiración y sus puntos de vista sobre la maternidad y cómo esta ha evolucionado a lo largo de los años.

Es muy interesante la noción de que te volviste artista cuando te volviste madre, porque a muchas personas les pasa lo opuesto y se ven obligadas a dejar de lado su práctica artística. ¿Crees que ese balance de responsabilidades ha mejorado en el último tiempo?

La maternidad es un quiebre. Si venías haciendo arte, tenías un trabajo o determinado tipo de prestigio por lo que hacías, y de pronto, te encuentras con un bebé, este puede ser un momento difícil. Puedes sentir que estás viviendo un suicidio profesional por dedicarte a tu bebé. Creo en la maternidad consciente, la que cuestiona lo que nos han enseñado sobre lo que es ser mamá. Muchas veces sentimos que vamos a tener un hijo, y la vida sigue, y sin duda sigue, pero hay un cambio. Nos han enseñado que ese cambio es malo, pero la maternidad consciente también cuestiona al sistema y de cierta forma es muy poderosa porque nos impulsa a generar otro tipo de sociedad, a crear redes de apoyo. Lo veo en distintos espacios: desde mamás que empiezan a emprender porque ahora quieren un mundo diferente, crean los productos que quieren para sus propios hijos y los ofrecen a otras madres. En ese sentido, el poder de la maternidad es transformador. No solamente te transforma el cuerpo, también transforma los intereses y los ideales que tienes como persona. Cuando empiezas a cuestionarte lo que estás dejando como legado para las nuevas generaciones va más allá de tus hijos, se trata de qué deseas para el mundo.

¿Por qué hay un tabú alrededor de que las mujeres sean quienes decidan si quieren ser madres, y, cuando lo deciden, imponer la manera en que deben ejercer la maternidad? Me pasa, por ejemplo, que no me toman en serio cuando digo que no quiero tener hijos, cuando digo que no siento ese deseo. A mis amigas que son madres, en cambio, les quieren imponer cómo ser mamás, las juzgan por seguir trabajando o dejar de trabajar, les dictan cómo comportarse.

Yo creo que nos ha pasado a las mujeres toda la vida, se nos infantiliza todo el tiempo. Y es un juicio permanente, si deseas continuar trabajando eres mala madre, y si en cambio deseas quedarte con tu hijo y no ir a trabajar te cuestionan que estés tirando tu carrera por el tejado. Creo que es esencial ejercer una mirada empática con otras mujeres.

Es extraño que por un lado la sociedad “glamourice” la maternidad y te diga que eres una mujer completa cuando eres madre, pero también te prohíbe ser sincera acerca de las frustraciones o de las complejidades que puede traer la maternidad. Es como si te exigiera que lo vivas en silencio y de forma complaciente.

Creo que últimamente se habla mucho de esto, de esta glamourización de la maternidad, pero solamente parte de los medios y de la publicidad. En el día a día, yo encuentro más mamás siendo sinceras. En un autobús, en un metro, te encuentras madres frustradas porque tienen que llegar a algún lado con un hijo que no tiene ganas de caminar. Te encuentras mamás adolescentes, mamás luchando por justicia por sus hijos como las madres de Plaza de Mayo, o, aquí en Ecuador, las madres universitarias que luchan por los derechos de sus hijos. Si uno tiene los ojos abiertos, encuentra esas historias verdaderas y son muchas más que las de esas modelos que muestran su cuerpo perfecto a días de dar a luz. Hay una responsabilidad personal de dónde ponemos la mirada. Si tomas el ascensor de un edificio, vas a encontrar a una madre cansada de limpiar mocos, no me creo ese discurso de “a mí no me habían contado que ser mamá sería tan duro”. Lo que pasa es que tenías una venda en los ojos. Somos responsables de lo que queremos ver porque, si vemos la dificultad de la maternidad, esto implicaría tener que hacer algo para ayudar, es mucho más cómodo mirar para otro lado.

¿Crees que la maternidad consciente pasa también por poder decidir cuándo tener hijos, sincerarse y esperar hasta estar listas?

Sí, realmente le debemos agradecer al feminismo pasado esa posibilidad de decidir cuándo queremos ser madres. También la maternidad consciente parte de cuestionar las cosas que nos han enseñado y qué es lo que el sistema ofrece, porque impone lo que quiere que hagas. Entonces, cuando ejerces esa conciencia para decidir qué tipo de parto quieres y qué tipo de tratamiento sanitario quieres para tu hijo, cuando te haces preguntas, estás ejerciendo una maternidad consciente.

Enfocas mucha de tu creación artística en tu vida familiar, tus hijos, tu condición de madre. Este año leí la autobiografía de Sally Mann, una fotógrafa que también se alimenta de esa vida íntima para crear. De hecho, su serie Family Pictures, fue muy controversial porque fue acusada de explotar la intimidad de sus hijos. ¿Qué piensas de ese tipo de polémicas?

No me gusta juzgar a otras mujeres y respeto su trabajo. En mi caso, la forma en la que encaro la fotografía con mis hijos es muy diferente porque los retratos que termino haciendo son más simbólicos que otra cosa, en donde no expongo a mis hijos si no que, a través de mi propia experiencia, cualquiera puede verse representado. Por ejemplo, en la foto de mi parto, que sucedió hace ya casi trece años, y en la que quizás estoy más expuesta, siento que sirve para que otras mujeres sea vean en esa experiencia. Tanto por haber tenido un parto así y no poder contarlo, o por no haberlo tenido y saber ahora que existen. En la serie Las Cuatro Estaciones, donde sí me retrato junto mis hijos, son imágenes en donde muchas mujeres pueden verse reflejadas. Primero, en Anunciación, hago una referencia a La Pietat y una forma de aceptar la vulnerabilidad de nuestros hijos, pero también nuestra vulnerabilidad como madres. Me gusta, en ese sentido, cuestionar las frases de las que nos agarramos como mantras, que tienen un tono neoliberal, como “sal de tu zona de confort”. Si tienes una zona de confort, implica que ya tienes un privilegio. Las mamás con hijos con discapacidad, las mamás discapacitadas, las mamás migrantes, las madres refugiadas no tienen una zona de confort, y si la tienes, debes ponerla al servicio de otras.

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Anunciación (De la serie Las Cuatro Estaciones, 2013-2014) – Ana Álvarez-Errecalde

Sombra es una referencia a la Caperucita, donde me coloco como la “mamá lobo”. Habla de esas dos facetas de ser madre o padre: muchas veces somos capaces de defender a nuestros críos ferozmente y protegerlos de todo, pero a la vez infundimos nuestros propios miedos y condicionamientos. Hay violencia en exigir obediencia, exigirle a un niño que esté sentado por horas escuchando cosas que no le interesan, que demuestre que aprende, que disocie lo que su propio cuerpo le pide de lo que la sociedad le pide. Es lo peor que le puedes decir a una persona: que sus emociones no son válidas.

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Sombra (De la serie Las Cuatro Estaciones, 2013-2014) – Ana Álvarez-Errecalde

Asentir tiene que ver con una pérdida gestacional tardía. Creo que esto corresponde con el ciclo de la naturaleza, cuando parece que la muerte es el fin, pero en realidad lleva dentro la posibilidad de cosas nuevas. Mujeres que incluso no son madres, ¿cuántas cosas están gestando?

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Asentir (De la serie Las Cuatro Estaciones, 2013-2014) – Ana Álvarez-Errecalde

La última es Simbiosis. Muestro a mi hijo más pequeño amamantando, y aunque estamos ambos vestidos de superhéroes, no sugiere que la madre o el niño sean superpoderosos. Los superpoderes están en las relaciones que compartimos, por eso la imagen de superhéroes se completa entre los dos; no es solamente una de las personas la que guía porque nadie tiene todas las respuestas.

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Simbiosis (De la serie Las Cuatro Estaciones, 2013-2014) – Ana Álvarez-Errecalde

¿Cuál fue la reacción hacia tu serie El nacimiento de mi hija, en el que ilustras tu proceso de parto?

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El Nacimiento de mi hija (2005), Ana Álvarez-Errecalde

Fue muy shockeante, en su momento, para muchas personas porque, en cierta forma, se contradecía a todo este miedo que se infringe a las madres que están por parir. En ese momento, me muestro feliz, en control de mi cuerpo, al punto que me puedo hacer un autorretrato durante el parto. Estoy mostrando una mujer más salvaje, que cuenta con la sabiduría de su cuerpo sin la necesidad de que ningún guía le dicte cómo parir. Pienso que no hay por qué seguir las reglas de ninguna otra persona, así que la reacción fue bastante fuerte por varios lados. Para mí, lo más importante era disparar una conversación, que se hable de estos temas. Yo no crecí viendo este tipo de partos, y era mi segunda vez dando a luz de esta forma. Antes de dar a luz, sabía lo que quería captar y antes de dormir visualizaba el resultado final pero no sabía si iba a ser posible. Salió exactamente como la tenía en mente y fue una especie de exorcismo, de sacarme de encima esa imagen que tenía en la cabeza y necesitaba plasmar. Mucha gente se cuestionaba con las fotos, argumentando que eran escatológicas, y eso para mí era revelador porque muestra el valor que le damos a la maternidad. Se quiere imponer el concepto de fábrica: generas un producto, que es tu niño, inmediatamente lo pasas a manos del sistema para que lo eduque, lo críe y te lo devuelva como un miembro productivo de la sociedad. Esta es una mirada más animal, significa que no queremos renunciar a este gozo de criar, hay mucho placer en ceder el cuerpo y en la transformación que viene con la maternidad. También hay mucho dolor, pero entre el placer y el dolor se gesta esa posibilidad de transformación de las mujeres. Por eso hay redes de apoyo entre mujeres, por eso existe la autogestión.

Tu proyecto Cesárea, más allá de la herida lo hiciste junto a la organización El Parto Nuestro, que aboga por el parto respetado. ¿Qué tipo de historias pudiste escuchar de las mujeres retratadas?

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De la serie CESÁREA, más allá de la Herida (2009) – Ana Álvarez-Errecalde

Algunas eran traumáticas. A una mujer le habían dejado gasa médica en el vientre y le causaba muchísimo dolor, pero había incredulidad de sus médicos de que eso pudiera pasar, entonces no la tomaban en serio. Otra mujer me contó que la anestesia no le surtió efecto, y gracias a la infantilización de las embarazadas, su reclamo fue negado. También hay muchas mujeres que están en paz con lo vivido porque sus cesáreas fueron necesarias. Hay otras que saben que quizá no fue necesaria, pero asumen su responsabilidad de no haber buscado más información o no haber considerado otras opciones, y ahora han cobrado poderío por la experiencia y lo que quieren es usar sus historias para concientizar a otras mujeres de todos los espectros posibles a la hora de parir. Eso es bonito porque no niegan su experiencia, si no que buscan la forma de ponerlo al servicio de otras mujeres. Abogar por el parto respetado me hace preguntarme a qué punto hemos llegado como sociedad, me impresiona que tengamos que abogar por que se respete a las madres y sus decisiones al momento de parir.

¿Consideras que tu trabajo es feminista?

No quiero renegar del feminismo porque ha logrado muchas cosas que agradezco, también creo que hay mucho por hacer. Alzar la voz por las miles de mujeres que mueren en manos de la violencia, o el asesinato de Berta Cáceres por luchar por los derechos de la tierra es una lucha que me representa, por supuesto. Pero no comulgo con cualquier tipo de feminismo, siento que el término en sí incluso me constriñe.

Última modificación: 17 de mayo de 2018 a las 15:46

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