No nos robarán los sueños

Editorial


La Periódica

La injusticia, la violencia y el miedo campean. Pareciera que nos ha cortado las alas y hemos dejado que nos venzan, que nos derroten. Hoy se siente un ambiente de duelo, un duelo colectivo ante una situación que nos rompió el corazón, que seguramente la creíamos ajena y lejana pensando que “esto no pasa en nuestro país”, y de pronto, hoy nos damos cuenta de que esa “isla de paz”, de la que tanto se pregona, no fue más que una ilusión, una falsa imagen que guardó por un largo tiempo un conflicto que crecía a pasos agigantados en nuestras fronteras.

Una guerra que, en la opinión pública ecuatoriana, estaba silenciada, pero muy presente en las poblaciones fronterizas. Nos dijeron que eso era “problema de Colombia”, pero no es así, los conflictos de un país son de interés regional y global, aún más cuando se expone y vulnera la vida de las personas.

No hace falta haber conocido a Javier, Paúl y Efraín. No hace falta que hayamos compartido una sala de redacción o saludado en una cobertura. Eso no hace falta porque hoy nos hermana el dolor de saber que las vidas de quienes ejercemos el periodismo están expuestas a un breve suspiro. Las abuelas decían “hoy estamos, mañana quien sabe”, y así fue, así de fugaz ha sido esta situación, días de silencio, de informaciones a medias, de mucha desinformación y poca solidaridad.

¿Cuántxs más deben morir para que el periodismo sea valorado?

Mientras escribimos este editorial, nos encontramos con mensajes de odio en las redes sociales. Gente que, sin temor alguno, se alegran de esta pérdida y desean asesinatos similares contra más periodistas.

El periodismo es mucho más que las grandes pantallas y empresas de comunicación. Este oficio de la palabra pasa por un compromiso personal. Quienes trabajamos en este ámbito sabemos lo que es la precarización, salarios bajos frente a la exposición a riesgos y horas extenuantes no reconocidas. Es un oficio que, de a poco, ha perdido el crédito de la sociedad al banalizarse el rol de los medios de comunicación. Pero a la vez, por el ataque permanente de gobiernos de turno a esta labor.

Silenciar a unx periodista es un acto simbólico y físico que amenaza la autonomía, el ejercicio libre de la profesión, además de exponer el derecho a la información que posee cada persona. Pero el miedo no vencerá, seguirán latentes los sueños y las ideas creativas para seguir haciendo nuestro trabajo de manera responsable y comprometida.

Ahora más que nunca ponemos atención a lo que sucede en la frontera norte, estaremos alerta a que desde este oficio se garantice y precautele la vida de la población de esta zona.

La cobertura periodística es necesaria para no olvidar a los sectores en zonas de conflicto, donde la vida de la población está expuesta, donde mujeres, niñas y niños son frecuentemente lxs más afectadxs, donde la violencia llega a límites que salen de la mirada del resto de la sociedad y el Estado. Es por ello que debemos estar presentes ahí, pero garantizando la seguridad y la vida de los equipos periodísticos, de nuestrxs colegas y compañerxs.

La solución no es dejar de ir a estas zonas, sino al contrario, el compromiso debe llevarnos a ir de manera permanente, de modo que estas poblaciones encuentren en los medios de comunicación su voz y palabra representada.

Estamos indignadas y con un profundo dolor ante el asesinato de tres miembros del equipo de Diario El Comercio, pero sabemos que su asesinato no es un asunto casual, sino es el resultado de una acumulación de negligencias por parte del Estado y de los propietarios de los grandes medios de comunicación.

22 días han pasado desde el secuestro de Javier, Efraín y Paúl. Son días que no olvidaremos porque sentimos de cerca el dolor al ver que alguien de lxs nuestrxs ha sido asesinado en esas condiciones. Estos días no pasarán desapercibidos de aquí en adelante porque sabemos que las vidas de periodistas, en tierras ecuatorianas, pueden acabarse de manera violenta.

Lo que hoy nos queda, como trabajadores de la comunicación, es, desde cualquier medio, sea cual sea, hacer que el ejercicio periodístico valga la alegría, que no callemos nuestras voces y ahora más que nunca nos comprometamos con nuestras historias y con la construcción de una sociedad diversa y de paz.

Abrazamos a sus familias, quienes han batallado por tenerlos vivos de vuelta, y siguen batallando para que esto no quede en el olvido, a pesar del dolor y la rabia que la violencia ha imprimido en su existencia. Abrazamos a todxs lxs compañerxs que han perdido a amigxs y colegas en Paúl, Efraín y Javier.

La Periódica.
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Última modificación: 16 de abril de 2018 a las 03:00

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