El desafío a la moral cristiana...

Una lectura a través del arte y la protección de los derechos culturales desde una perspectiva feminista.


Fotografías: Anaís Córdova Páez

¿Por qué son célebres en Quito las Mujeres Creando? En nuestra ciudad han pasado a serlo a raíz del mural que estas activistas bolivianas pintaron, y que se exhibe como parte de la muestra La intimidad es política, la que “presenta las múltiples maneras en las que se expresa el deseo, la clase, la raza y el género” [1] , y reúne el trabajo de activistas y artistas gais, lesbianas y trans.

La obra es una manifestación artística con contenido político y feminista, contiene “pinturas de nuevas vírgenes que representan los abusos de la Iglesia Católica (la pedofilia, corrupción), y de los Estados que atentan contra los cuerpos de las mujeres al penalizar el aborto.” [2] El mural, además, inserta imágenes religiosas en un intento por re significarlas, a partir de un examen crítico a la forma en que las mujeres han sido sometidas al control de la Iglesia y a los poderes fácticos que esta ejerce, castigando duramente el pecado como una infamia imperdonable, y sin reparar en la violencia ejercida contra los cuerpos, vidas y destinos de muchas mujeres violadas y asesinadas, o que han decidido abortar.

Fotografías Anaís Córdova Paez

Dentro del mural está contemplada la Virgen de Copacabana, que cambia el cetro de mando por el trinche del pecado, para convertirse en pecadora. Está también la figura del papa indiferente y paciente al dolor del mundo, masturbándose. Esta representación durísima y transgresora interpela los sentidos y nos obliga a repasar la innumerable cantidad de veces que el dolor extremo, irrogado en la población femenina, fue ignorado por la Iglesia. Las violaciones como una medida de “corrección”, y también como mecanismo para desmoralizar y humillar; la esterilización forzada, y también los embarazos forzados producto de violaciones a las mujeres de los Andes, en contextos en los que la crueldad había llegado a extremos sobre los que es difícil referirse, no ha recibido la atención de la iglesia, si no su indiferencia. El mural blasfemo castiga esta indiferencia, justamente invocando a las mismas figuras religiosas a las que muchas mujeres han dedicado plegarias y súplicas sin ser escuchadas.

“Si los altares sirvieron como relatos didácticos donde aprender, asimilar y aceptar historias de sumisión, nuestro Altar Blasfemo nos redime y nos sirve para aprender a leer nuestra propia libertad, para jugar con símbolos y significados” [3] , ha sido la consigna de Mujeres Creando, que a través de una de sus representantes, María Galindo, ha dicho que llevarán con su obra a otros países, entre ellos Chile.

Hace pocos días, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE) se refirió al mural como una “grotesca burla a los símbolos religiosos”.

Fotografías Anaís Córdova Paez

Las pinturas de las nuevas vírgenes no han gustado. Han perturbado. Han causado rechazo. El Concejal Mauricio Ponce ,disfrazando su ignorancia y machismo, ha dicho que respeta las demostraciones de arte y respalda el contenido pluralista de las obras que el Centro Cultural Metropolitano (MET) está llamado a exhibir, y ha añadido que seguramente se reunirán con la Iglesia para discutir el tema. Claro. Porque en lugar de un juez o cualquier otra autoridad administrativa que deba decidir sobre este tema, se lo debe llevar a la iglesia. Lógico.

Se ha pensado en remover a la directora del Centro Cultural Metropolitano, y actualmente la obra ha sido retirada de la exhibición, pues se supone que no contaba con la autorización correspondiente. El razonamiento legalista y gris que ha invocado el Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) es que esta institución no había autorizado la intervención de un bien patrimonial, como el muro medianero donde está pintada la obra [4] .

Sin perjuicio de esto, el tema de fondo no es el contar o no con un permiso para intervenir un bien patrimonial, pues el IMP solamente se pronunció luego de que la máxima instancia de la Iglesia en el Ecuador emitió un comunicado desaprobando el contenido de la obra. Al respecto, me surge una pregunta: ¿por qué se reacciona y se decide retirar el mural de la exhibición sólo después de que la CEE emitió un comunicado señalando su disgusto? La respuesta es fácil. Porque en la franciscana ciudad de Quito, lo que diga la Iglesia es ley divina, es mandato incuestionado acatado al pie de la letra, aunque pisotee cualquier otra reflexión que no provenga del mundo cristiano.

¿Cómo un mural grotesco se atreve a desentonar con la bellísima demostración arquitectónica que enarbola nuestro Centro Histórico, la Iglesia de la Compañía? Simple. Eso no va a pasar. Si pasó fue por descuido. Y ahorita mismo se pinta y se corrige.

Fotografías Anaís Córdova Paez

Esta, seguramente, es la sesuda reflexión detrás de las actuaciones y declaraciones de los funcionarios de la Secretaria de Cultura y el IMP. Ese es el pobre nivel de reflexión que existe en una ciudad que tristemente se vanagloria de su Centro Histórico (de hecho hace poco la Directora General de Unesco, Irina Bokova, felicitó al alcalde Mauricio Rodas, y a las autoridades de la Secretaría de Cultura y del IMP por la conservación del casco colonial, y porque el mismo refleja una “mezcla de culturas” [5] ), y que tiene tan poco que decir sobre la forma en la que ha permitido que otras mentalidades convivan con las ideas del cristianismo. Las actuaciones de estas instituciones, que están llamadas a romper paradigmas y permearse de nuevas directrices, agendas y recomendaciones en el tema de derechos culturales, ratifican el mensaje de la Conferencia Episcopal. Se hacen eco de él.

Con base en esto, me atrevo a decir que las imágenes del mural no tienen que gustar. Hay quienes que por su delicado y sofisticado gusto —seguramente forjado en un intenso proceso de autoeducación sobre Historia del Arte— han señalado que es grotesco y feo. Lo cierto es que estas imágenes tienen un contenido de denuncia [6], y también hace falta trascender las miradas de una estética frívola para darse cuenta que las vírgenes que se han pintado re significan siglos de opresión, y dan cuenta de los trapitos sucios de la Iglesia, de aquellos que pocos se han atrevido a hablar

Fotografías Anaís Córdova Paez

En una sociedad andina machista, valdría que la gente que critica el mural, con el mismo esmero y afán se disponga a aprender un poco de lo que ha hecho Mujeres Creando y sobre el pensamiento y la propuesta teórica que existe detrás de sus demostraciones artísticas. Ellas han ofrecido un espacio seguro para la reflexión a muchas mujeres que habitan en Bolivia, y también a muchas chicas que han llegado allí como turistas. Ofrecen clases de autodefensa feminista (porque tal vez la mayoría no lo sepa, pero las mujeres especialmente las que reclamamos el derecho a vivir en una ciudad no violenta, somos violadas, vejadas o maltratadas); dictan talleres permitiéndonos reflexionar sobre el potencial que tiene el feminismo pensado en clave crítica, y también desde las desigualdades que nos atraviesan en países como Bolivia, Perú y Ecuador, por nuestro origen colonial y fuertemente arraigado en la fe cristiana. Ante todo, se han permitido desafiar y transgredir el poder de la Iglesia, y en este orden de ideas, merecen que sus expresiones artísticas sean expuestas, justamente porque posicionan un discurso que, desde el feminismo, cuestiona duramente a las instituciones que tradicionalmente han proyectado una ideología basada en el control, el castigo y la sumisión a las mujeres.

En su discurso, Mujeres Creando han denunciado la existencia de un colonialismo interno, que basado en un imaginario estético racista, prejuicioso y discriminador, ha marcado los cuerpos de las mujeres. Para las activistas de este colectivo el patriarcado consiste en un conjunto complejo de jerarquías sociales expresadas en relaciones culturales, religiosas, simbólicas [7] . Frente a este panorama el feminismo se convierte en un “oportunidad de repensar toda la sociedad desde las mujeres” [8] ; de ahí que tiene sentido que a través de sus prácticas transgresoras Mujeres Creando haya propuesto re pensar los símbolos religiosos, para insertarlos en una discusión que subvierta los contenidos que se les han dado a través de los siglos de opresión. Esto en la medida en que el feminismo consiste en la “la posibilidad ideológica de poner en cuestión las discusiones centrales de cualquier sociedad” [9] y en la medida en que gran parte de estas discusiones giran en torno al aspecto simbólico, y cultural de la religión y sus elementos.

Fotografías Anaís Córdova Paez

Para María Galindo, una de las mujeres que fundó este colectivo, es importante que se pueda detallar las características del patriarcado, “sociedad por sociedad y estructura por estructura” [10] y para ello se debe realizar un análisis basado en “estructuras históricas y sociales específicas” [11] y es por ello que preguntarnos por el origen colonial de nuestra sociedad, a través de la simbología religiosa, pero además re interpretar estos elementos, se vuelve un elemento clave, con una promesa de emancipación.

Si el colonialismo, para reconfigurar el conjunto de la sociedad colonizada, necesitó operar de una manera específica sobre las mujeres, la religión jugó un papel importante en introducir una mirada patriarcal sobre el cuerpo de éstas. Sobre este tema Galindo dice: “Venimos de un disciplinamiento colonial del deseo erótico que esta subterráneamente controlado por normativas coloniales instaladas en base a la continuidad patriarcal entre colonizadores y colonizados.” [12]

De ahí que pintar una virgen a la que le podamos rezar por nuestras mujeres asesinadas, o una virgen protectora de las compañeras trans, o una virgen que acompaña y protege la vida de las mujeres en un aborto, se vuelven potentes elementos para romper con el uso de la simbología cristiana y subvertir su significados desde dentro.

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Este es parte del mensaje de su mural. No se trata de insultar la fe cristiana. Sí de criticar el poder eclesiástico, y de cuestionar la dimensión humana de una institución que ha ejercido el poder regulatorio de los cuerpos a través de sus símbolos.

Para finalizar, sólo un par de ideas señaladas por la Relatora de los Derechos Culturales, Farida Shaheed, (una mujer feminista de origen pakistaní que sí se ha educado seriamente y con rigor sobre los derechos culturales y su efectivo goce, y que además, ha auspiciado políticas y proyectos que incorporan las dimensiones culturales para reforzar los derechos de sectores marginalizados, incluyendo a las mujeres, los campesinos y las minorías religiosas y étnicas) [13]. Espero que sus ideas esclarezcan el añejo y empolvado pensamiento de los “diligentes” concejales y de la cúpula de la Iglesia:

“Los artistas y todos los que participan en actividades artísticas solo deben estar sujetos a las leyes generales que se aplican a todas las personas…” [14] . Es decir, no están sujetos a una ley divina que los castigue por inmorales. Lo siento, pero es así.

Y, “los encargados de adoptar decisiones, incluidos los jueces, al hacer uso de su potestad para imponer limitaciones a las libertades artísticas, deben tener en cuenta la naturaleza de la creación artística (en lugar de su valor o mérito), así como el derecho de los artistas a disentir, a utilizar símbolos políticos, religiosos y económicos como contraposición al discurso de los poderes dominantes, y a expresar sus propias creencias y visión del mundo.” [15] Una desoladora noticia para quienes pensaban que no se puede emplear símbolos religiosos en obras y manifestaciones artísticas, lo sé.

Son estas las reflexiones que deben tenerse en cuenta cuando corresponda decidir sobre casos como el del Mural Blasfemo, pues si bien se han expedido informes técnicos sobre la supuesta inobservancia a las disposiciones municipales que regulan la intervención de bienes patrimoniales, no se ha hecho valoraciones sobre lo que tiene que primar, en este caso: la libertad a exhibir producciones artísticas que se contraponen a poderes dominantes, y que rescatan las visiones del mundo de grupos que han vivido en los márgenes de la ley, transgrediendo y luchando por reivindicar sus discursos después de siglos de sometimiento.

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[1] (⇧ subir) | La intimidad es política reconoce la necesidad de la diferencia
[2] (⇧ subir) | Fausto Rivera. A la Conferencia Episcopal le molesta muestra que cuestiona abusos de la Iglesia.
[3] Milagroso altar blasfemo.
[4] El mural está pintado en la pared posterior a la Iglesia de la Compañía, la cual sirve para dividir el Centro Cultural de la Iglesia.
[5] Directora General de UNESCO felicita a Quito por la preservación del Patrimonio.
[6] Para informarse del sentido de muchos de los símbolos que integran el mural dar click.
[7] Galindo, María. (2013). No se puede descolonizar sin despatriarcalizar. Capítulo 3: “Patriarcado y colonialismo”. Bolivia: Mujeres Creando, 2013. p. 92
[8] Ibíd. p. 93.
[9] Id.
[10] Galindo, óp. cit. p. 94.
[11] Id.
[12] Galindo, óp. cit. p.104.
[13] Sra Farida Shaheed, Relatora Especial en la esfera de los derechos culturales.
[14] Informe de la Relatora Especial sobre los derechos culturales, Farida Shaheed. “El derecho a la libertad de expresión y creación artísticas*” A/HRC/23/34. Recomendaciones. Párr. 89 literal a). 14 de marzo de 2013.
[15] Ibíd. Recomendaciones. Párr. 89 literal b)

Última modificación: 6 de septiembre de 2017 a las 05:14

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