Detrás de la voz, la memoria.

Vivas Nos Queremos, se toma por tercer año consecutivo las calles quiteñas.


Vivas Nos Queremos 2018. Foto: Miro Aguilar Villamarín

El sábado fueron miles. La marcha convocada por la plataforma Vivas Nos Queremos en conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, bajo el lema “Nuestros cuerpos no se tocan, no se violan, no se matan”, partió del parque del Arbolito, y en un recorrido de más de tres horas, llegó hasta la avenida 24 de Mayo. Fueron casi 10.000 en Quito. Hubo tantas. Y faltaban tantas.

Estamos en resistencia.

Y por cada mujer que marchó había tantas más. Algunas tenían en su memoria a las abuelas, a las madres que “han atravesado por tantas violencias en sus vidas”, y que les han servido de inspiración. Mujeres luchadoras que “han salido adelante a pesar de todo”. Que siguen vivas y viven haciendo lo que quieren.

También las mujeres históricas estaban presentes en el recuerdo, aquellas que fueron claves en el camino a la liberación, en el logro de derechos que ahora parecen obvios. O las invisibilizadas, las que a pesar de resistir cada día a una sociedad y cultura patriarcal, han sido silenciadas, relegadas.

Y las hermanas, las primas, las amigas, a todas las que quieren vivir sin violencia. Violencias que viven cotidianamente, en el trabajo, en las calles… Que quieren existir, sin precauciones, sin prudencia, sin efectos secundarios.

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Movilización Vivas Nos Queremos del 24 de noviembre, Quito. Foto: Miro Aguilar Villamarín.

Nadie se cansa

Encabezaban la marcha las asesinadas —a noviembre de este año son 75— nombradas en carteles, pancartas, en los cantos y los gritos de sus familiares. Desaparecidas cuyos asesinos siguen impunes, a pesar de la batalla incansable de sus allegadxs para que se haga justicia y haya reparación.

Las que denuncian públicamente a sus agresores con nombres y apellidos, que osan exponerse y desafiar a un sistema diseñado para generar la duda en la agredida, acosada, violada, y no en el perpetrador; las que señalan, a pesar del miedo, llevaban consigo, nombrándolas, a aquellas que no han podido hablar por miedo: a las represalias, a que “no nos crean”; las que a pesar de alzar la voz no pueden acceder a la justicia, no porque no quieran, sino porque las cifras hablan: menos del 20% de denuncias terminan en sentencias condenatorias para los agresores.

Y también a las niñas que han sufrido abusos sexuales, que han sido violadas, la mayoría de casos por miembros de su familia o su entorno cercano. Casi la mitad, un 40% de las víctimas no lo cuentan por presión familiar, porque el silencio que mantiene blindada la “integridad” del grupo familiar, de sus hombres, prevalece, y es el precio a pagar por los frutos de esa violencia interna. Una de las consecuencias más visibles son los embarazos forzados, niñas obligadas a ser madres, algo que sucede a diario. Pero, a pesar de ese silencio también forzado, el 24N muchas marcharon por ellas.

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Movilización Vivas Nos Queremos del 24 de noviembre, Quito. Foto: Miro Aguilar Villamarín.

Aquellas que han sido acosadas en las universidades, y en tantos otros espacios públicos por parte de señores que, haciendo uso de su posición de poder, de la connivencia de las instituciones (controladas por señores) y de gran parte de la opinión pública —que no soporta ver como el pacto patriarcal se resquebraja— que facilita que eso siga así, omitiendo a las que han alzado la voz corriendo el riesgo de ser ignominiadas y expulsadas socialmente de sus espacios de vida, tratadas de “guarras”, vejadas por haber sido abusadas.

Se va a caer

“Por mis hijas”, decían muchas; “para que ellas no tengan que pasar por lo que nosotras, nuestras madres y abuelas hemos pasado”. Para que no tengan que abortar clandestinamente. Para garantizar que las siguientes generaciones tengan sus derechos completos, sin fisuras. Que sean libres de tomar sus decisiones sobre su vida, su cuerpo, sus relaciones.

Allí estaban todas de la mano de las que marcharon, que las llevaban en la memoria, en el cuerpo.

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Movilización Vivas Nos Queremos del 24 de noviembre, Quito. Foto: Miro Aguilar Villamarín.

Última modificación: 3 de diciembre de 2018 a las 02:55

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