Ahora que estamos juntas

Argentina: Han pasado algunos días desde que se aprobó la media sanción por la Ley de interrupción voluntaria del embarazo


Foto: Karen Toro Aguilar

Trato de recordar cómo empezó esto de estar a favor de la legalización del aborto y la verdad es que no lo tengo muy claro. Cuando tenía unos 14 años creo que mi hermana mayor ya hablaba de feminismo y política, además conocimos a una amiga mucho mayor que nosotras quien era feminista. Si soy sincera, yo no sabía muy bien de qué iba la cosa, pero sabía que quería ser como ellas: mujeres inteligentes, fuertes y seguras de sí mismas.

Con el tiempo empecé a tener amigas y conocidas que en momentos de íntima confianza contaban sus propias experiencias de haberse practicado un aborto, y otras que buscaban apoyo y algún “contacto” que las ayudara a abortar. A partir de esas experiencias nunca más me cuestioné el tema pues para mí era impensable estar a favor de la clandestinidad a la que estábamos obligadas las mujeres si queríamos abortar. Sabía que, de todas formas, el círculo más cercano a mí podía contar con contención, contactos y, con mayor facilidad o dificultad, con el dinero para realizarse un aborto más o menos “seguro”; pero así mismo, sabía que había muchas otras mujeres que no contaban con esas redes de apoyo, redes con las que en ese entonces, al menos en Ecuador, contábamos quienes nos habíamos acercado o formábamos parte de círculos activistas y militantes; y que no eran las mismas que, por suerte, existen hoy en día, más abiertas y medianamente accesibles.

Varios años después, cuando ya llevaba un año viviendo en Argentina, una amiga llamada Belén me invitó a mí y otras amigas a viajar con ella, su madre, Mónica, y sus tías al XXV Encuentro Nacional de Mujeres, en 2010, realizado en la ciudad de Paraná (provincia de Entre Ríos, al este del país). Fue la primera vez en la vida que me vi rodeada de miles de mujeres compartiendo, debatiendo, marchando y luchando juntas, estábamos hermanadas.

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Belén y Mónica durante el Encuentro Nacional de Mujeres en 2010. Foto: Karen Toro Aguilar

Tengo una imagen muy presente en mi vida, la de Belén y Mónica juntas y sonrientes con su pañuelo verde al cuello. Hoy, ellas ya no están, fallecieron en 2016, pero su imagen me acompaña desde entonces. Me dieron un pañuelo verde en ese viaje, y fue el inicio de tantas otras veces que me volví a ver rodeada de miles de mujeres, siempre juntas.

Las sentí a ellas y a todas mis hermanas, sentí su abrazo en cada marcha, bajo la lluvia como el 19 de octubre del 2016, durante el Paro Nacional de Mujeres convocado tras el femicidio de Lucía Pérez, de 16 años, en Mar del Plata; bajo el sol como en este último Paro Internacional de Mujeres de marzo pasado, en cada Ni una Menos; y bajo el frío helado de este último 13 de junio, mientras un gran abrazo nos movía suavemente, y a pasitos cortos, por toda la plaza de Congreso.

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Foto: Karen Toro Aguilar

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Foto: Karen Toro Aguilar

Desde hace semanas que vengo escuchando las intervenciones en los debates que tuvieron lugar en el Congreso, previo a la votación del 13J y 14J. En este tiempo algo empezaba a inundar la ciudad: el verde.

Hay días en que debo tomar hasta seis subterráneos de distintas líneas que atraviesan la ciudad y veo verde por todos lados: en los vagones, en las avenidas, en los semáforos, a mujeres grandes y adolescentes, algunos varones también, con su pañuelo verde abrazado a mochilas y carteras.

Yo perdí mi pañuelo en alguna mudanza, pero ese día me uniformo y me pongo calzas y un saco verde; por todas partes éramos muchas, distintas, pero nos reconocíamos, y en el apretón típico de las mañanas del subterráneo, nos sonreíamos cómplices.

Este 13 de junio con rumbo al Congreso llegué sola, pero en el camino me fui encontrando con amigas maravillosas, algunas a las que no había visto hace mucho tiempo, otras a las que había visto una sola vez, pero nos sentimos inmediatamente hermanadas. Cada saludo era un abrazo largo para darnos calor y fuerza para esa noche. Quería hacer fotos, pero la cantidad impresionante de gente me impedía moverme, pues según Matria y Emergentes, en las 24 horas de movilización hubo 1 millón de personas en los alrededores del Congreso; así que me dejé llevar por esa gran marea verde que inundaba la Avenida Callao, allí me sentía totalmente segura y abrigada.

Más tarde pude encontrarme con dos amigas, quienes me dijeron que era la primera vez que estaban en una manifestación feminista, y me sentí muy agradecida de poder compartir ese momento tan importante con ellas. “Estoy a favor de la ley de aborto y no estoy haciendo nada para lograrlo, por eso vine”, dijo una; la otra se había informado sobre el tema durante las últimas semanas y se declaró abortera en ese mismo día frente a su familia, eso es la sororidad.

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Foto: Karen Toro Aguilar

Pero el protagonismo fue de las adolescentes con su presencia abrumadora, nunca ví a tantas juntas, tenían tanta fuerza y poder que me hacían sentir nostalgia de mi adolescencia. Si la ley es aprobada también en la Cámara de Senadores, estaremos construyendo una sociedad más justa para nosotras y para ellas. Creo que lo que vivimos estos días en Argentina, y que fue apropiado en muchísimas partes del mundo, es realmente histórico, vimos a las mujeres liderando e inaugurando otras formas de hacer política.

Han pasado algunos días desde que se aprobó la media sanción por la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, pero todavía se me caen las lágrimas cuando veo fotos o videos de ese día que quedará para la historia. No sé si es posible que se vuelva a ver a tantas personas, sobre todo jóvenes, siguiendo cada debate, haciendo vigilias por una votación y poniendo el cuerpo en las calles para que quienes tienen el poder de legislar no se olviden, nunca más, que nosotras no dejaremos de luchar. Ahora vamos por el Senado.

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Foto: Karen Toro Aguilar

Última modificación: 21 de junio de 2018 a las 22:49

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